Tranquilidad, cultura y tradición se dan la mano en las calles de esta localidad
Altafulla es una pequeña y acogedora población próxima a los 5.000 habitantes, situada en la zona del Baix Gaià, a unos diez kilómetros al norte de la ciudad de Tarragona. Localidad principalmente residencial ofrece grandes posibilidades para el ocio y la cultura gracias a su centenaria historia, la tranquilidad de sus tres núcleos (el pueblo, la zona marítima y también la zona conocida como Brisas de Mar). Pasear por las calles del casco antiguo de Altafulla, conocido como la Vila Closa, es uno de los placeres que cualquier veraneante en la Costa Daurada tiene que comprobar, igual que lo es acercarse hasta la zona marítima, conocida como Botigues de Mar, donde se puede disfrutar de magníficas vistas hacia las localidades próximas de Torredembarra o también a las vecinas playas de Tamarit.
Sin lugar a dudas la construcción civil que perfila el skyline de Altafulla es el castillo-palacio de los marqueses de Tamarit, en perfecto estado de conservación, aunque al tratarse de una residencia particular no se puede visitar. El castillo, que se sitúa en la parte más elevada del municipio y que se puede ver desde gran distancia, tiene forma de poliedro irregular, de cuyas caras salen cuerpos en forma de torres. El conjunto de torretas y otros elementos le proporcionan un perfil de fortaleza. En sus entrañas ha tenido bastantes modificaciones, pero dispone todavía de un patio casi intacto, importante porque reúne una parte baja antigua y una interesante galería en la parte alta de estilo renacentista, estilo que domina en todo el conjunto del castillo. De las puertas del Castell de Altafulla sale todos los veranos dos rutas guiadas por la población. Las visitas se realizan los lunes a las siete de la tarde y también los jueves a las 9 de la noche en lo que constituye una visita nocturna.
La Iglesia de Sant Martí
Junto con el castillo configura la postal de Altafulla su iglesia parroquial consagrada a Sant Martí. Fue construida a primeros del siglo XVIII, entre 1701 y 1705. De estilo barroco, su planta es de cruz latina, con tres naves, con un crucero que no sobresale y que está coronado por una cúpula octogonal. La fachada, poco decorada, presenta la puerta con una capilla con una estatua de Sant Martí de Tours. Durante la visita guiada también se puede acceder a la cripta de esta iglesia.
Otro de los atractivos del municipio es la Vila Closa, el conjunto medieval cerrado por restos de murallas de las cuales todavía quedan en pie dos torres circulares y dos puertas. El conjunto de edificios del siglo XVIII es singular y está constituido principalmente por las casas de las familias de los comerciantes de la época. En esta parte del pueblo o en sus inmediaciones se encuentran algunos de los locales más conocidos de la localidad como el Hotel Gran Claustre con su restaurante Les Bruixes de Burrian, el restaurante el Pozo, el restaurante Faristol –donde a menudo hay conciertos– o El Corralito.
La zona marítima
En el siglo XVIII, en tiempo de la marquesa Baltasara, surgieron las casas de las Botigues de Mar, que son almacenes de planta baja donde los comerciantes y los pescadores guardaban sus productos y herramientas. Guardaban vino y aguardiente para enviar a América, de donde importaban cacao y añil para hacer tintes. Algunos de estos almacenes se habilitaron como viviendas en las primeras décadas del siglo XX. El actual paseo de Botigues de Mar fue inaugurado en 1994. La zona también dispone de algunos bares y restaurantes.
De esta parte marinera del municipio procede la relación entre Altafulla y las brujas. De hecho, cuenta la leyenda que las playas de esa zona estaban llenas de piratas que practicaban el contrabando. Según parece, algunas personas hicieron circular el rumor de que esa parte del municipio estaba embrujada para de esta manera ahuyentar a los curiosos. Sea cierto o no, Altafulla tiene una gran relación con las brujas y muchos ciudadanos las utilizan como motivo decorativo o para bautizar algunos establecimientos como el restaurante Les Bruixes o también para celebrar desde hace unos años la Nit de Bruixes, una de las citas festivas del municipio, igual que en verano es el Festival de Veus dedicado desde hace 22 años a la música vocal o el Cicle de Concerts, que también ofrece actuaciones en la plaza de la Iglesia.
Cerca de las Botigues de Mar y limitando con el término municipal de Torredembarra nos encontramos con la Vil·la Romana dels Munts, una de las más notables de Catalunya, y que fue incluida en el conjunto monumental de Tàrraco, proclamado Patrimonio Mundial por la Unesco. En verano semanalmente se hacen visitas teatralizadas a la Vil·la dels Munts.