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‘Els camins de l’aigua’, un paseo por el Constantí rural

Reseguir la acequia dels Molins permite contemplar cinco molinos medievales 

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Ricard Escarré | 14/07/2009 09:01

Constantí es conocido por muchos por la presencia de una gran industria petroquímica en sus alrededores, pero también hay un Constantí que todavía conserva su arraigo con el territorio y con la tradición agrícola que durante siglos ha tenido esta localidad. La ruta Camins de l'aigua pretende acercarnos a la historia, la tradición y los elementos antropológicos y etnológicos de una parte del patrimonio de Constantí, centrado en los usos de agua, ya sea agrícola o industrial, y especialmente la acequia, conocida popularmente como síquia dels Molins, que realizaba las funciones de riego en una extensa partida de tierras y también movía cinco molinos medievales.

La ruta, que entrará en funcionamiento en septiembre una vez finalice su señalización, empieza en Centcelles, donde se puede dejar el coche para visitar la Vil•la Romana de Centcelles, el monumento más importante y emblemático del municipio. Además de contemplar los extraordinarios mosaicos de la cúpula paleocristiana más antigua encontrada en la actualidad. Cerca del edificio principal encontramos elementos que relacionan esta villa con el agua, sus termas, alimentadas por una canalización del Francolí (el Tulcis romano) que cruzaba la villa desde poniente.

Desde Centcelles iremos hasta el Mas de la Ferrerota, donde se puede contrastar la villa romana con la masía tradicional catalana, separadas por veinte siglos, ambas hijas de una larga tradición agrícola. Esta importante y antigua edificación consta de diferentes construcciones donde destaca el edificio principal, con la tau, símbolo de propiedad del Arzobispado de Tarragona, en el arco de la puerta de la entrada. Cerca de esta masía nos encontraremos con el Pont de les Caixes, acueducto romano con añadiduras medievales y contemporáneas, parte de la acequia dels Molins construido para salvar la depresión del barranco de la Ferrerota, conduciendo el agua a través de su canalización.

Siguiendo el curso de la acequia nos encontraremos con el Molí de Constantí, el primero y mejor conservado de la serie de cinco molinos que formaban el conjunto. Datado alrededor del siglo XIV, funcionó como molino harinero hasta finales del XIX, cuando se transformó y amplió para moler azufre. Destacan los escudos de piedra del arzobispo Ènnec de Vallterra y la sala para moler.

Después podemos continuar la ruta hasta las ruinas del Molí Paperer que todavía permite distinguir la estructura del edificio. Su importancia radica en su antigüedad y funcionalidad, puesto que produjo papel desde el siglo XV hasta el XIX, siendo uno de los pocos molinos de este tipo de la provincia.

Pasado el molino, nos encontraremos con los plátanos del Camí de Montblanc, árboles monumentales y centenarios situados junto al camino que nos llevan hasta el Molí de Reus, molino harinero que funcionó como tal desde el siglo XV hasta el XIX, reconvirtiéndose también para moler azufre. A finales del XIX se añadió una máquina de vapor y una chimenea al otro lado del camino para trabajar como fábrica textil. Un poco más allá está situada la cenia con su balsa, que permite intuir como se sacaba el agua con la ayuda del animal. El camino continúa hasta Tarragona. Ahora nos encontramos en el Camí Vell de Montblanc, antiguo camino ral medieval que unía el puerto de Salou con la capital de la Conca siguiendo la vía romana que unía Tàrraco con Ilerda y Cesaraugusta.

El río Francolí

En esta zona toparemos con el río Francolí donde, a pesar de su degradación por la actividad industrial, se mantienen restos del bosque de ribera. Si seguimos hacia el sur, en dirección a Tarragona, a un quilómetro encontraremos, totalmente oculto por la vegetación, el Molinet de Mas de Mascaró, documentado en el siglo XVIII como Mas de la Torre, que fue concebido como una fortificación pero que posteriormente funcionó como molino de aceite. Estamos ya en Tarragona. Si continuamos nuestro camino y seguimos hacia el sur siguiendo el cauce del río, veremos el quinto molino de la acequia. El Molí de l'Horta, del que sólo queda en pie una pared. Documentado desde mediados del siglo XII, funcionó hasta 1903 para acabar reconvertido en una masía hasta los años 60 del siglo pasado. En los cinco quilómetros de este paseo hemos podido observar desde monumentos y villas romanas a molinos medievales y masías contemporáneas, todo ello rodeado de vegetación de ribera, amenazada por las modernas y crecientes infraestructuras industriales y viarias. Todo un camino de contrastes con el agua como denominador común.





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