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Mont-roig: los rincones que cautivaron a Joan Miró

El artista llegó a esta población del Baix Camp en 1911 y ahí se inspiró para varios de sus cuadros 

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Redacción | 14/07/2009 20:59

Pasear por los lugares más emblemáticos de Mont-roig del Camp nos regala la oportunidad de mirar a través de los ojos de un genio. De ver los puntos desde los que el pintor Joan Miró creó algunos de sus cuadros más célebres. Fueron la tierra roja de sus montañas, que dan nombre al pueblo, sus campos de olivos, sus algarrobos, sus casas y sus eternas playas los parajes que cautivaron a Miró.

El pintor pasó 65 veranos de su vida en el Mas Miró, una casa de campo que la familia tenía en este pueblo atrapado entre mar y montaña, entre el azul de sus aguas y el rojo de su tierra, colores básicos que se harían constantes en toda la obra del artista.

La ruta Miró nos guía, precisamente, por esos colores y lugares que sirvieron de inspiración al pintor. Una visita que se aconseja hacer con guías turísticos, ya que la experiencia se enriquece con divertidas anécdotas sobre Miró, el pueblo y sus gentes.

Existen nueve localizaciones identificadas por una señal, puntos que nos descubren las panorámicas que acabaron en los cuadros de Joan Miró, paisajes que nos provocan sensaciones parecidas a las que debió sentir el pintor en aquellos años.

Encontramos en el recorrido, por ejemplo, aquella playa donde dibujaba sus estrellas en la arena, con cualquier  trozo de palo, y donde nace su Platja de Mont-roig en 1916. Cerca del Mas Miró podemos contemplar los parajes que le llevaron a pintar otras obras como La casa de la palmera o Les roderes un par de años más tarde.

El taller del pintor

Desde el camino de entrada del Mas Miró se divisa lo que fue el taller del artista. Es ésta, sin duda, la localización que más nos despierta la imaginación. Desde allí empezó a pintar La Masia, ese cuadro que compró el escritor Ernest Hemingway y que Miró acabó en París descalzo, pisando tierra y las hierbas del propio mas. La finca es hoy espacio declarado bien cultural de interés nacional, en la categoría de monumento.

La Generalitat de Catalunya lo decidió así hace tres años por su valor arquitectónico y paisajístico, pero sobre todo como reconocimiento al peso que tuvo en la obra pictórica de Joan Miró.

Los campos y los habitantes de la zona inspiraron otras obras, como La Vaileta, Vinyes i oliveres o Terra llaurada. Sólo por revivir la curiosidad que embargaba a Miró hacia estas tierras y su gente vale la pena realizar una visita hasta el municipio de Mont-roig del Camp.

Seguimos el recorrido hacia el pueblo, con sus casas genuinas, sencillas. En este punto podemos dar  un agradable paseo por sus calles, primero, y recorremos después un camino que nos lleva alrededor del pueblo. Es ahí donde descubrimos la preciosa panorámica que albergan esas casas, amontonadas alrededor de la Església Vella. Miró las pintó desde distintas perspectivas, en Poble i església de Mont-roig, por ejemplo.

Alejándonos aún más del núcleo de Mont-roig llegamos a la ermita de la Mare de Déu de la Roca, anclada en la montaña roja, un monumento imprescindible, punto de encuentro y referencia en la devoción mariana en la comarca. Encima encontramos otra ermita, la de Sant Ramon de Penyafort, otro enclave que no puede dejar de visitarse y desde el que se pueden contemplar excelentes vistas sobre esta zona de la Costa Daurada.

El Centre Miró

La ruta turística por la población puede culminarse con una visita al Centre Miró, un lugar de interpretación de la obra del artista más íntimamente ligada a Mont-roig y que se encuentra situado en el centro de la població, en la Església Vella.

Sus obras más emblemáticas, las que salpican los diferentes museos más importantes del mundo, están reproducidas aquí y pueden contemplarse en un ameno recorrido. Aunque lo especialmente interesante de esta visita es, sin duda, poder conocer por qué Joan Miró amaba a este pueblo, y por qué sus gentes, antiguas por entonces, acogieron con ternura a un genio avanzado a su tiempo. 





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