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ESCAPADA

Vimbodí y L’Espluga, villas de museos

La comarca de la Conca de Barberà cuenta con una oferta turística que va más allá del monasterio de Poblet 

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Leandre Ibar | 16/07/2009 20:51
La bodega noucentista de la Cooperativa Agrícola de l’Espluga de Francolí .FOTOS: CONSELL COMARCAL DE LA CONCA DE BARBERÀ

Aunque el monasterio de Poblet es el gran motor turístico de la Conca de Barberà, la comarca ha desarrollado una importante oferta paralela. Las dos poblaciones más cercanas a la abadía cisterciense, Vimbodí y L’Espluga de Francolí, cuentan con numerosas atracciones que combinan naturaleza y cultura, y que tienen en los museos sus elementos más destacados.

En Vimbodí, por ejemplo, se encuentra el Museu del Vidre, un centro que cuenta con una exposición permanente sobre la fabricación y evolución del vidrio a lo largo de los años. En la parte baja, además, hay un taller artesanal donde un maestro vidriero muestra a los visitantes las diferentes técnicas de trabajo. El edificio también tiene una tienda donde comprar objetos de recuerdo.

A pesar de que  el Museu del Vidre es uno de los grandes atractivos de Vimbodí, siempre se puede pasear por sus calles y beber  agua de varias fuentes esparcidas por el pueblo. Especialmente curioso es el Carrer de les Abraçades, la calle más estrecha de España. Con una anchura de sólo 94 centímetros, debe su nombre al hecho de que dos personas tienen que abrazarse para pasar a la vez.

También es interesante hacer una parada en la iglesia de Sant Salvador, abierta al público y de estilo gótico con claras influencias de Poblet. Justamente cerca del monasterio hay otro de los puntos de interés de Vimbodí, el Castell de Milmanda, del siglo XII.

Para llegar a L’Espluga de Francolí se puede usar el coche o se puede optar por un paseo en bicicleta o caminando. Recientemente los dos municipios se han conectado mediante senderos ideales para los amantes de las excursiones y adaptados a la práctica de la BTT. Los caminos son fáciles de recorrer en familia e incluso con niños.

La Cova de la Font Major

Una vez en L’Espluga, es obligatorio dirigirse a la Cova de la Font Major, una de las cuevas de conglomerado más largas del mundo, de donde sale el agua que se convierte en el río Francolí. Con más de tres kilómetros y medio de galerías, todavía hoy no se ha explorado en su totalidad. Los que lo deseen pueden adentrarse hasta  lo más profundo reservando previamente la Ruta Aventura, en la que serán necesarios la respiración autónoma y los vestidos de neopreno.

Sin embargo, aquellos que no quieran emociones tan fuertes también pueden visitar el interior, además del museo adyacente, donde se podrán admirar los restos arqueológicos que se han hallado en la cueva. Desde la década de los cincuenta, varios equipos científicos han encontrado todo tipo de utensilios y huesos de animales y humanos que abarcan desde el paleolítico inferior, hace más de cien mil años, hasta el imperio romano.De hecho, se sabe que la gruta fue usada como refugio y vivienda a lo largo de los siglos, hasta el punto de que el nombre de L’Espluga deriva de spelunca, que significa caverna en latín. No obstante, su conocimiento se perdió en algún momento de la edad media y no fue redescubierta hasta 1853, cuando apareció por casualidad al intentar construir un pozo.

Cuando se salga de nuevo al exterior, se puede ir a ver una de las grandes Catedrales del Vino, la bodega de la Cooperativa Agrícola, obra de Pere Domènech i Roura, hijo del famoso arquitecto Lluís Domènech i Montaner. La bodega es la sede del Museu del Vi, cuyas explicaciones ayudan a entender el proceso de elaboración del vino.

También es recomendable visitar las dos iglesias de Sant Miquel.  La más antigua contiene elementos románicos, si bien está considerada como un edificio gótico, mientras que la más moderna es neoclásica y fue construida con las piedras del antiguo castillo de la población.

Antes de marcharse, no hay que olvidarse de comprar una caja de  carquinyolis y vanos, las  galletas típicas de L’Espluga. 





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