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Pratdip, entre montañas y leyendas

Esta población del Baix Camp cuenta con miradores de vistas imponentes y un interesante legado medieval 

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Leandre Ibar | 03/08/2009 07:59
Dos excursionistas contemplan el paisaje desde el mirador de Solans, uno de los muchos que abundan en el municipio. - Ajuntament de Pratdip
Situado en el sur del Baix Camp, Pratdip se nos presenta lleno de misterio. Pueblo de leyendas y monstruos, montañas y huertos, hoy en día cuenta con una interesante variedad de recorridos a pie y en bicicleta por parajes tan imponentes como poco conocidos para el gran público.
Llamado simplemente «El Prat» por mucha gente, Pratdip debe su nombre a los dips, perros negros y diabólicos que, según cuentan las historias populares, vivieron durante siglos en los alrededores del municipio. Sus ojos ensangrentados, su aspecto vampírico y sus ataques al ganado era lo poco que se conocía de ellos. Aparecen en un retablo de 1602 y en el año 1700 ya formaban parte del escudo de la localidad, aunque a partir del siglo XIX su fama disminuyó. Sin embargo, en 1960 todavía sirvieron de inspiración al escritor Joan Perucho para su novela Les històries naturals.
Núcleo medieval
Aunque, bestias sanguinarias a parte, Pratdip ofrece un lado mucho más acogedor. Su núcleo antiguo, de calles angostas y empinadas, tiene numerosos enclaves de la Edad Media que pueden resultar atractivos para el visitante.
El más visible es el castillo, situado en los más alto del pueblo y que ofrece muy buenas vistas de la Serra de Llaberia y de los barrancos, entre los que se hallan el pueblo, los de Santa Marina, de la Dòvia y de les Valls.
 También hay que ver los restos de la muralla, en concreto dos torres de defensa y unas arcadas situadas en el interior de la iglesia románica de la Nativitat. De allí se puede caminar hasta las escaletes. Otro aspecto interesante es que el pueblo aún conserva en funcionamiento los viejos lavaderos públicos, donde aún se puede acudir a fer safareig con el vecindario.  
Un rico patrimonio natural
Una vez visitada la parte histórica, hay que adentrarse en la naturaleza que rodea la población. Al salir nos encontraremos primero con numerosos huertos, que darán paso posteriormente a otras formas de paisaje. Además de antiguos cultivos de almendros y los llamados márgenes de piedra seca, a medida que nos alejemos del núcleo urbano aparecerá la vegetación forestal mediterránea propia de esta zona meridional de la Serra de Llaberia.
En la actualidad hay varios senderos habilitados para los excursionistas. Muchos permiten acceder a los diversos miradores situados a lo largo y ancho del término municipal, y que proporcionan vistas imponentes, sobre todo el Camp de Tarragona. Desde algunos, como el Coll de Colivassos o el Motlló dels Quatre Termes, y si el tiempo es propicio, la vista alcanza incluso más allá del Camp, hasta las cumbres de los Ports de Tortosa-Beseït o hasta la Punta del Fangar, en el Delta del Ebre.
Otros recorridos marcados llevarán al caminante hasta estanques, como la Olleta, y fuentes, como la de Santa Marina, al lado de la bella ermita del mismo nombre y a la que se atribuyen propiedades curativas.También cabe la posibilidad de encontrar grutas y cuevas en nuestro trayecto.
Durante las excursiones es posible observar la fauna típica de los bosques mediterráneos, entre la que destacan varias especies de aves rapaces y mamíferos de diversos  tipos.
Rutas en bici
Quienes también disfrutarán de una visita a Pratdip son los amantes de la bicicleta. Al igual que las rutas a pie, el municipio tiene un buen surtido de itinerarios realizables en BTT. Sin embargo, la gran mayoría  de las rutas señaladas son de dificultad media o alta, e incluso algunas estan consideradas como «técnicas», lo cual  requiere una buena bici de montaña y un grado de experiencia elevado. Las fuertes pendientes pueden complicar las cosas a los ciclistas novatos.
 Estos circuitos abarcan gran parte del término municipal aunque no alcanzan hasta los puntos más altos, incluidos varios miradores. Algunos tramos transcurren por carretera, si bien el resto se desarrolla por pistas.




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Promicsa | Redacción