Vandellòs i L’Hospitalet de l’Infant tienen la fórmula del encanto
Vandellós i L’Hospitalet de l’Infant conservan el encanto histórico para adentrarse también en los límites de la modernidad. Ambos municipios han sabido conjugar, con el paso de los años, turismo, ocio y cultura sin perder de vista sus propias raíces ni el marcado carácter del Baix Camp.
En Vandellós, la prehistoria de la localidad ha dejado en ella una profunda y marcada huella, en forma de yacimientos arqueológicos de reconocimiento mundial, que llega hasta nuestros días. La Cova de l’Escoda, declarada Bien Natural de Interés Nacional y Patrimonio Mundial, esconde una serie de pinturas esquemáticas y naturalistas sobre roca calcárea, cuya imagen más representativa es la de una cierva roja de trazo simple. Lo mismo ocurre con las pinturas neolíticas de la Cova del Racó d’en Perdigó, de estilo naturalista estilizado, que muestran cinco figuras humanas.
Sobre su pasado romano, visigodo y musulmán, la orden del Infant Pere d’Aragó i d’Anjou, hijo de Jaume II y Blanca d’Anjou, de llevar a cabo la construcción del Hospital del Coll de Balaguer, inició un proceso de repoblación de la zona que, al borde del fracaso, fue retomado por su descendiente, Joan de Prades, quien reimpulsó este proyecto con la adquisición de más terrenos para el hospital. Levantado en forma de fortificación, descansaba sobre una serie de vigas de madera, recostadas a su vez sobre arcos de diafragma, en una planta cuadrada delimitada por cuatro torres esquineras y dos más que cerraban el norte y el sur de la edificación. En tiempos de paz, el Hospital del Coll de Balaguer pudo desarrollar su función de acoger a viajeros y transeúntes que atravesaban la Via Augusta entre Barcelona y Valencia. Más tarde, durante la larga sucesión de guerras, acabó ejerciendo de bastimento bélico. De su estructura se conservan aún algunos tramos de los que toma parte la actual sala de exposiciones Infant Pere. Este recinto acoge tanto exposiciones de arte visual como actos culturales u otros acontecimientos lúdicos. En cuanto a arquitectura religiosa, el conjunto se nutre de la iglesia parroquial de Sant Pere i la de Sant Andreu. La ermita de Sant Roc lo completa, situada sobre una elevación del terreno pero accesible a los viandantes. Otros lugares como el pozo o el lavadero acaban de remachar lo curioso de la localidad que detiene el reloj de sus visitantes para introducirlos sin prisas en vestigios de otros tiempos.
Masia Castelló
En el pequeño pueblo de Castelló se emplaza otro de los puntos referenciales de L’Hospitalet de l’Infant i Vandellòs, un espacio deshabitado que revive a menudo gracias a la actividad de la Asociación de la Masia Castelló. Deteriorada a causa de un abandono que se extendió durante un período de casi 50 años, la Masia Castelló comenzó a ser rehabilitada en el año 1997 y se convirtió, entonces, en un lugar perfecto para la realización de toda una serie de actividades impulsadas tanto por el consistorio como por esta asociación. En invierno, el espacio se convierte en un enorme belén viviente en el que participan más de 300 personas, entre actores y voluntarios, y que cuenta con todo tipo de detalles que transportan al visitante a la antigua Roma. En los meses de verano, en cambio, acoge la celebración del Rustikfestival, cuyo cartel este año contó con la presencia de La Limoncello o Bramatropin, además la Trobada d’acordionistes o los juegos infantiles. Jóvenes de toda Catalunya acuden anualmente a la cita con este evento, que destaca por lo diferente de su propuesta y el entorno en el que se enmarca, donde los asistentes pueden acampar dando vida por una noche al pueblo.
El litoral de L’Hospitalet de l’Infant cuenta con un total de cuatro playas. El Torn, la Almadrava, el Arenal y la Punta del riu componen la costa del municipio en conjunto con un puerto deportivo enmarcado entre las dos últimas, que cuenta también con una porción arenosa. Destaca entre ellas la primera, que constituye un importante emplazamiento nudista conocido tanto por esta característica como por su catalogación, junto con La Rojala, como Espacio de Interés Natural. Otras calas y algunas cuevas situadas en el límite entre los conjuntos rocosos y el agua traen también la atención de los visitantes. Una ludoteca en el Arenal, en horario partido de mañana y tarde (de 11 a 13h y de 17 a 19h) proporciona a los más pequeños una oferta diferente de diversión y entretenimiento. A menudo rodeadas de pinedas y protegidas de las mareas tanto por espigones como por barreras naturales, estas playas constituyen espacios tranquilos como oasis en entornos naturales que se insertan perfectamente en el paseo marítimo. Este transcurre paralelo a la costa mostrando variaciones al envolver cada playa y conforma también zonas verdes y rincones lúdicos también aptos para la diversión y la práctica deportiva. También el Mirador del Coll de Balaguer permite una visión más panorámica de la relación entre el municipio y su mar.
A un kilómetro de Vandellós, La Figuerola ofrece a los amantes del golf un pitch and putt. El campo, que cuenta con un total de 18 hoyos, destaca por su belleza y por las características orográficas del propio terreno, que conserva riachuelos y pendientes que animan el juego. Para los amantes de los caballos, el Centro Hípico de Masriudoms supone una oportunidad inigualable de entrar en contacto con estos animales mientras se conoce el municipio.
Es esta difícil ecuación de lo nuevo y lo histórico lo que convierte Vandellòs i L’Hospitalet de l’Infant en un municipio con personalidad propia y un poder de atracción que cautiva a los que tienen la suerte de adentrarse en él.