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Un paseo por los templos del vino

Las ‘Catedrals del Vi’ son un legado artístico poco explorado 

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Leandre Ibar | 13/08/2009 08:26
Arcos en la nave central de la cooperativa de Rocafort de Queralt. - Consell Comarcal de la Conca de Barberà

El cultivo de viñas y la producción de vino ha sido parte inquebrantable de las comarcas de Tarragona desde varios siglos antes de Cristo. A parte de la calidad de los caldos de la provincia y el efecto único que ha tenido la viña sobre el paisaje y la cultura, la industria vitivinícola ha afectado también otros ámbitos, por ejemplo la arquitectura.

Buena prueba de ello son las llamadas Catedrals del Vi, edificios modernistas y noucentistas construidos a principios del siglo XX, cuando la vida catalana empezó a recuperarse de la mortífera plaga de filoxera, que la azotó a finales del XIX.

Estas construcciones se levantaron para albergar la renaciente industria del vino. Se trata, pues, de sindicatos, cooperativas agrícolas y bodegas, la mayoría de las cuales todavía están en activo.

La denominación de Catedral del Vi salió del famoso poeta Àngel Guimerà, que la utilizó para referirse a la bodega cooperativa de L’Espluga de Francolí. Sin embargo, con el tiempo la expresión hizo fortuna y se aplicó a otros muchos edificios relacionados con la producción de vino. Hoy en día encontramos  ‘Catedrals’ en toda Catalunya, si bien el Alt Camp y la Conca de Barberà son las comarcas que albergan un mayor número de edificios.

Precisamente la bodega de L’Espluga, en la Conca, es un buen paradigma de lo que son las Catedrals de Vi. Diseñada por Pere Domènech i Roura, hijo del reputado arquitecto Lluis Domènech i Montaner, actualmente alberga el interesante Museu del Vi, que permite conocer con detalle la elaboración de esta bebida.

También es obra Domènech i Roura la bodega de Sarral. Discreto por el exterior, pero que se mantiene en muy buen estado también en su interior.

 

El padre de las Catedrals

A pesar de la belleza de las obras de Domènech i Roura, sin duda el arquitecto más destacado de las Catedrals del Vi es Cèsar Martinell. Discípulo de Antoni Gaudí, Martinell diseñó la mayoría de las bodegas y cooperativas alzadas hace un siglo.

La mejor prueba del talento de Martinell es la cooperativa de Rocafort de Queralt, que destaca por los arcos visibles desde el interior y que en su día comportaron problemas al arquitecto, puesto que los operarios que los construían opinaban que eran demasiado ligeros y no podrían soportar el peso. El tiempo ha dado la razón a Martinell y las bellas arcadas han aguantado sin problemas hasta nuestros días.

El interior está bien iluminado por grandes ventanas que destacan en la monumental fachada.

También por su excelente iluminación sobresale otra construcción de Martinell, en este caso el sindicato de Pira. Más austero que la cooperativa de Rocafort, la fachada simétrica tiene dos pequeños portales.

También son de Martinell los sindicatos de Barberà de la Conca, que tiene una pequeña torre, i de Montblanc, edificado encima de una antigua prisión gótica.

 

Las ‘Catedrals’ del Alt Camp

En el Alt Camp, la comarca de su Valls natal, Cèsar Martinell también dejó un legado interesante.

El sindicato de Sant Isidre, en Nulles, es un buen ejemplo. Más exuberante que otros edificios suyos, Martinell realizó un trabajo meticuloso en la fachada, de gran riqueza ornamental.

Siguiendo este estilo más llamativo, también sobresale el sindicato de Cabra del Camp, ubicado en el centro del municipio.

En cambio, otras cooperativas, como la de Alió y la de Aiguamúrica, son totalmente opuestas y presentan fachadas de líneas más recatadas. Caso a parte es la enorme bodega de Vila-rodona, con dos naves y un gran arco de ladrillos en la entrada.

No obstante, los trabajos de Martinell no se centraron en la Conca y el Alt Camp, sino que se extendieron hasta otros puntos.

En el Priorat diseñó las bodegas de Falset y Cornudella de Montsant, y en la Terra Alta, las de Gandesa y Pinell de Brai. Precisamente esta última destaca por su espectacular nave y su fachada, mientras que la de Gandesa tiene dos depósitos de agua en la parte superior que le dan un toque característico.





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