Las Roques de Masmut, imagen por excelencia del Matarran-ya, son unas rocas calcáreas con un desnivel vertical de más de 100 metros y frecuentadas por buitres. - R. LOMBARTE/M. MARTÍ
Tres grandes rasgos comparten la demarcación de Tarragona y la comarca turolense del Matarranya. El primero, los Ports de Beseit, enclave natural de gran excelencia florística y el hábitat natural de especies tan simbólicas en la zona como son el buitre o la cabra hispánica. El segundo, la Via Verda, la antigua línea de unión ferroviaria entre la comarca turolense y Tortosa, una comunicación tradicional que fue castigada por la ley de autonomías. Y el último, el idioma. El Matarranya (de forma no oficial), la Terra Alta y los Ports de Morella hablan en catalán. Es lo que tienen las tierras de frontera, tierras de todos, pero en la mayoría de las ocasiones de nadie.
Si seguimos la carretera N-420 desde Gandesa en dirección Alcañiz, a unos 18 kilómetros abandonaremos territorio tarraconense. Será el río Algars el que nos dirá que hemos cambiado de provincia. A su vez, Calaceit (con un gran legado histórico y del que hablaremos en otro capítulo) será el municipio que nos dará la bienvenida al Matarranya. Es esta sin duda una de las puertas principales de entrada a los Ports de Beseit desde Tarragona, ya que a pocos kilómetros nos adentraremos en Queretes. Allí, avistaremos una de las mejores panorámicas del Matarranya, con Horta de Sant Joan y el municipio de Arnes a la falda de las Roques de Benet en la izquierda, y el Parrissal a la derecha.
La magia del agua
El municipio de Beseit le da nombra al epicentro natural del Matarranya, aunque los Ports también recorren los términos municipales de Pena-roja de Tastavins y de Vall de Roures, capital de la comarca. Esta zona virgen destaca por la belleza natural, ya que aquí conviven puntas montañosas de hasta 1.200 metros (como las Moletes d’Arany) con valles, acuíferos y galerías subterráneas. Precisamente, Beseit es conocido también porque carece de piscina artificial, ya que el lugar de baño idóneo para los meses de verano es el propio río. Es lo que se denomina Les Pesqueres, atractivo de descanso tanto para los vecinos como para el resto de matarrañenses.
Es precisamente en los Ports de Beseit donde nace el río que da nombre a la comarca: el Matarran-ya. Con un total de 97 kilómetros, recorre los municipios de Beseit, Vall de Roures, La Torre del Comte y Massalió, prosigue su curso por la provincia de Zaragoza y va a morir en el Ebre a la altura de Mequinensa. A lo largo de recorrido, el río Matarranya ha creado un valle abierto que ha permitido encadenar un extenso catálogo de campos agrícolas, puentes e incluso molinos de agua. Durante millones de años, la corriente de agua del río ha conseguido esculpir además curiosas figuras en la piedra.
Aunque para belleza esculpida en la naturaleza, las Roques de Masmut. Se trata de una mole de roca calcárea con un desnivel vertical de más de 100 metros, el lugar idóneo para practicar escalada y otros deportes de aventura. Estas rocas son el símbolo de Pena-roja de Tastavins, municipio en el que se encuentran los picos más altos del Matarranya, con L’Hereu y el Tossal d’Encanadé, de 1.321 y 1.394 metros respectivamente. Desde lo alto de las Masmut, frecuentada por comunidades de buitres, se puede presenciar una de las mejores panorámicas del Matarranya y del Bajo Aragón.
En Pena-roja nace el río Tastavins, afluente del Matarranya que transcurre por la Ermita de la Mare de Déu de la Font (Patrimonio Mundial) y el municipio de Ràfels, que cuenta con un amplio y trabajado jardín botánico. El Tastavins continúa su curso por el municipio de La Portellada, y antes de morir crea otro de los parajes naturales más famosos de la comarca. Es El Salt, una cascada de unos 20 metros de altura.
100 kilómetros en bicicleta
Para los grandes amantes de la naturaleza y de la bicicleta, existe un recorrido de más de 100 kilómetros que une, a través de la antigua vía del tren, Alcañiz con Tortosa. Es lo que se conoce como la Via Verda, y que por el Matarranya atraviesa las antiguas estaciones de Valljunquera, Valldeltormo, La Torre del Comte, Vall de Roures, Queretes y Lledó. Pues así es el Matarranya. Tan cerca y tan lejos, tan conocido y tan inhóspito. Y es que como bien dijo el poeta por excelencia de la comarca, Desideri Lombarte, de quien por cierto se cumplen 20 años de su desaparición: Terra, país i muntanya, quan t’estimo Matarranya.