Gastronomía y tradición se unen en este típico barrio marinero
Judit Pinazo |
25/08/2009 20:09
Tarragona ha sido a lo largo de su historia una ciudad bicéfala, compuesta de una Acrópolis, que hoy en día se conoce como la parte Alta, y de un barrio pesquero, El Serrallo. En sus inicios, el puerto estaba separado del núcleo residencial principal, creando así dos ciudades en una. La bipolaridad entre los dos núcleos –residencial y portuario– siempre ha existido y ha definido la realidad histórica de Tarragona.
De hecho, se puede concluir que sin un puerto natural con unas condiciones favorables, no habría existido la ciudad, porque la creación de Tarraco tiene que considerarse deudora del protagonismo que tuvo la bahía portuaria.
Y hoy en día, a pesar de que los activos turísticos de Tarragona están cada vez más al alza, con una gran afluencia turística cada año, uno de los indicadores económicos más importantes de la ciudad, continúa siendo la actividad portuaria.
Constituido a mediados del siglo XIX, su nombre deriva del término serralls, con el que los marineros nombraban a las pequeñas e irregulares rocas cercanas a la costa. Con el paso de los años, el barrio se ha modernizado y cada vez se ha ido integrando más en la ciudad. Las últimas reformas, las de la fachada marítima dotaron el barrio de un largo paseo y de nuevos espacios verdes. Pero lo que el paso de los años no ha podido cambiar es la personalidad del Serrallo ni de sus gentes. Para muchos, aún es un pueblo dentro de una ciudad. Y es que en el Serrallo, la vida continúa girando entorno a los pescadores. Antes de que salga el sol, estos ya están faenando y cuando vuelve a esconderse, otros –los del pescado azul– les toman el relevo. La flota pesquera del puerto de Tarragona cuenta con unas noventa embarcaciones, repartidas en su mayoría en barcos de cerco y arrastre. Los barcos de cerco, con los que se captura el pescado azul, salen a la mar de noche, a las diez en invierno y a medianoche en verano, y amarran en el puerto por la mañana, cuando se procede a realizar la subasta en la lonja.
Por la tarde se hace otra subasta, la del pescado blanco, en la que se incluyen especies como el rape, la merluza, el pulpo, la gamba, la sepia o el calamar, que se han capturado durante el día con el arte de pesca del arrastre.
Casi todo lo que sucede en El Serrallo, está relacionado con el mar. De hecho, el barrio marinero es un punto más de interés turístico de Tarragona. Muchas de las personas que visitan la ciudad incluyen en sus recorridos la visita a este entrañable barrio pesquero, donde se puede ver a los pescadores reparando sus redes, limpiando sus embarcaciones y apreciar todo tipo de barcas tradicionales en las que cuelgan curiosas lámparas empleadas en la pesca nocturna.
La subasta del pescado, la de la tarde, es otra de las actividades más apreciadas por los turistas. Cabe destacar que el cambio del sistema clásico por el automatizado, que hizo perder parte de la magia y la tradición de antaño, aunque permitió ganar en agilidad y competitividad con respeto a otras lonjas. Otra de las relaciones del barrio con el mar se pone de relevo con su amplia oferta gastronómica y comercial. De hecho, la amplia variedad de bares y restaurantes, muchos de ellos con una larga trayectoria en el sector y excelente reputación, permite hacer una ruta gastronómica para conocer la vasta variedad culinaria que ofrece el barrio marinero.
El romesco, los arroces de todo tipo y el marisco fresco, son sólo un ejemplo de las distintas exquisiteces que ofrece El Serrallo.