El castillo, principal reclamo de este municipio con hechizo
Judit Pinazo |
28/08/2009 20:37
Miravet es uno de esos municipios que no decepciona. Situado al sur de la Ribera d’Ebre, es conocido por su espectacular castillo, ubicado en el punto más alto del municipio y que enamora a todos los que lo visitan.
Y es que Miravet se encuentra literalmente pegado a la pared rocosa de la montaña, de la que sobresale su majestuoso castillo. Desde el Molí Salat, antiguo embarcadero, las casas del casco antiguo se colocan desafiando al Ebre. El castillo, que es un excelente mirador sobre el río y la comarca, pertenece al románico cisterciense y está considerado uno de los mejores ejemplos de la arquitectura militar templaria de Occidente.
Su relación con los templarios se remonta a 1153, cuando Ramón Berenguer, Rey de Aragón, les donó el castillo, así como numerosas posesiones de la ribera del Ebre. Era la forma de agradecer a la orden su ayuda en la expulsión de los sarracenos de Miravet. El poder de los templarios llegó a ser tan grande, que Jaime II, Rey de Aragón, ordenó hacerlos prisioneros ciento cincuenta años después. Los monjes-caballeros resistieron durante un año el sitio del castillo por las tropas reales. Aquellos días se recuerdan cada año, a mediados de agosto, durante la Setmana del Temple y Setge de Miravet, con la escenificación de los últimos días del asedio.
Una de las muchas rutas a realizar en el municipio puede iniciarse al lado del Ebre, en las casas de la calle del Riu, donde podemos encontrar placas de la riada de 1907. Más adelante, unas escaleras bajan al río, al lado de la antigua dársena medieval. Cerca de este punto hay una casa dentro del río, que en su día fue un molino. Si empezamos a adentrarnos en el pueblo, nos encontraremos con un portal y un porche, donde antiguamente estaba la puerta que cerraba la población. Encima de esta puerta hay otra placa, en este caso de la riada de 1787, la más grande que se tiene registrada del Ebre.
Si se sigue subiendo, se encuentra «lo Salt», zona desde donde se puede observar el Ebre y el meandro del Tamarigar, zona protegida por el interés de su flora y fauna.
Si uno sigue subiendo, llegará a una pequeña plaza. En este punto, en otras épocas, se reunía la comunidad musulmana de Miravet, ya que donde actualmente está construida la iglesia, hubo una mezquita. Más arriba, nos encontraremos con el mirador de la Sanaqueta, antiguo patio de la mezquita y que ofrece estupendas vistas.
Una vez realizado este recorrido, si volvemos en dirección hacia el pueblo nos encontraremos el camino que sube al castillo de Miravet.
Otra de las actividades muy recomendables es la de cruzar el río Ebre con barca. El Pas de Barca de Miravet es el último transbordador fluvial que cruza el río Ebre sólo con la ayuda de la corriente del agua, sin motor. Tal y como se hacía antiguamente, el transbordador está sujeto a unos cables que cruzan el río de lado a lado. La fuerza del agua y los conocimientos de los barqueros, son en realidad, la única fuerza de la barcassa.
Realmente cuesta creer que se pueda hacer llegar un transbordador de orilla a orilla del río, cargado de gente, coches, furgonetas y mercancías, sólo con la ayuda de la corriente. Vale la pena disfrutar de este paseo, y sobre todo si se visita el municipio con niños.
Al río Ebre y al castillo, cabe añadirle otro elemento que caracteriza a este pueblo, la cerámica. Miravet tiene una larga tradición de cerámica, desde la época musulmana. Los talleres de este arte se localizan a las afueras de la localidad, en el Raval dels Canters. Canter es la personas que hace cántaros.
En Miravet había muchos canteros, y es que este utensilio era una de las piezas más utilizadas, ya que la gente tenía que ir a buscar agua al río con ellos. Hoy en día ya no se les da esa utilidad, pero en el municipio continúan construyéndose muchos cántaros. De hecho, son pocos los turistas que pasan por Miravet y no se hacen con uno de ellos. Pero a pesar de que se les conozca como canteros, estos artesanos fabrican muchas más cosas. Los pitxell, botijos, son sólo un ejemplo de la gran cantidad de artesanía que se puede encontrar.