El conseller Josep Huguet insta al empresario catalán, tanto de industria como de servicios, a internacionalizar su empresa para diversificar el riesgo y hacer cara a la globalización de la economía
¿Ha tenido tiempo ya de mirar los más de 500 curriculums que depositaron en los servicios territoriales los trabajadores de Lear de Roquetes? ¿Qué respuesta les dará?
La respuesta es que los tendremos en consideración. Pasaré una copia a la consellera que es la primera responsable de la recolocación, Mar Serna, y en la medida en que vayan apareciendo puestos de trabajo habrá mecanismos para comunicarles la posibilidad de que los acepten, aunque evidentemente los puestos de trabajo que aparecerán no serán del mismo perfil que el que tienen. Le puedo adelantar que en el próximo año en las Terres de l’Ebre hay previstas más de un centenar de plazas por el despliegue de la Ley de Dependencia, 120 plazas más en el balneario de Cardó, está en fase de construcción un supermercado en Amposta que supondrá un centenar de puestos de trabajo más… Esto, hablando de sectores que no son industriales. Pero también en industria habrá alguna buena noticia, aunque sea en pequeñas dosis. Si se suma todo, se acercan a los 500 puestos de trabajo. Pero habrá que ver si los que entonces están en el paro están dispuestos a aceptarlos y si desde los Serveis de Treball se les facilita herramientas para la formación y el reciclaje.
Aún así, desde el territorio se tiene la sensación de que la Generalitat no hace suficiente por impedir el cierre de una actividad tan grande. Que si hubiese sido un caso similar en la zona metropolitana se habrían esforzado más.
Eso es un mito. Una cosa es que las grandes marcas hagan ruido, pero yo le puedo asegurar que en la zona metropolitana hay centenares de pequeñas empresas en problemas que no salen en los diarios. Lo que pasa es que allí todo pasa más desapercibido, y hay reducciones de oferta de trabajo que se producen que no tienen impacto comunicacional. Pero no son en términos relativos inferiores a los de Terres de l’Ebre, al contrario. Son miles de puestos de trabajo perdidos en pocos meses y que no salen en los diarios.
El Ebre ha tenido con este gobierno catalanista y de izquierdas la mayor inversión que ha tenido en la historia de la democracia, y lo digo con letras mayúsculas. Hemos apoyado a sectores tradicionales que estaban abandonados, como la agricultura, han tenido apoyo a la investigación en acuicultura, se ha inaugurado el turismo en el conjunto de las Terres de l’Ebre poniendo las comarcas del interior en el mapa, se ha creado ocupación de forma difusa en el territorio en este sector… Y Terres de l’Ebre han recuperado espacio universitario, que no tenían desde 1714. Si esto no es una apuesta estratégica, tendríamos que hacérnoslo mirar.
¿Prevé que se mantendrá en los próximos meses el proceso de deslocalización industrial?
En los sectores más tocados, alguna empresa que ha anunciado ya problemas podría rematar la situación. Pero a la vez hay signos de que las empresas catalanas más industrializadas han tocado ya suelo y empezarán a remontar. Y al lado de esto, las empresas que simplemente han tenido disminución de demanda pueden empezar a remontar si es que exportan, porque Europa está comenzando a repuntar. Y en países como China o Brasil aún más. Es el momento para dejar de lamentarnos y salir con la maleta al mundo. Las empresas pequeñas que tengan algo que vender también pueden salir al mundo. Lo han hecho algunas industriales, pero también pueden hacerlo las de servicios. Nuestros antepasados, en el siglo XIX, cuando aquí había miseria, se embarcaban para hacer las Américas.
Esta necesidad de internacionalizar, ¿es para no depender de un sólo mercado?
Conviene que espabilemos. Los mercados próximos, aunque no hubiera llegado la crisis, están en riesgo: estamos en un mundo global y la competencia llega a las puertas de casa, por tanto la necesidad de hacer frente a esta novedad pasa por no estar a la defensiva sino al ataque. Si Catalunya es el primer destino turística europeo después de París, no es justificable que podamos contar con los dedos de las manos las empresas turísticas catalanas con implantación por todo el mundo. ¡Como mínimo debería haber un centenar! El turismo está creciendo en todo el mundo y tenemos que aprovechar para hacer nuestra empresa internacional, controlada desde Catalunya. Porque al revés sí que está pasando: vienen de fuera para instalar hoteles, y por tanto nosotros debemos salir fuera. Ésta es la lección que debemos aprender de la crisis: abrir nuevas oportunidades de mercados.
(La entrevista completa en la edición impresa del Diari de este lunes)