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La ciudad en los carteles

Lemas surrealistas, invitaciones a la risa, críticas al capitalismo, guiños a series y proclamas para romper la cotidianeidad. Las paredes con insólitos mensajes intrigan y alegran la ruta callejera 

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RAÚL COSANO | 13/03/2010 17:47
‘Decálogo del absurdo’, la presentación de murales artísticos en la calle Comte (arriba) y crítica en una señal de tráfico (abajo). - R.COSANO

Se pueden ver en los rincones inhóspitos, agazapados en un trozo de pared decrépito y sucio, a caballo entre el arte urbano –a veces efímero– y el manifiesto. Las paredes de la Tarragona más insólita esconden mensajes que rompen el gris de lo cotidiano y son, en algunos casos, una bofetada a la ortodoxia. ¿Vandalismo, expresión surrealista, cantos a la movilización rebelde de las masas, humor, contracultura?

Todo eso y mucho más depara una ruta de obligado inicio en la Part Alta, un mural objeto de artistas que trabajan en serie. A poco que usted camine por el casco viejo se habrá topado con huecos en la pared pintados de azul y rematados con una frase breve, entre la filosofía y la ‘autoayuda’. En la calle Ferrers una de estas obras reza ‘Al final tots igual’, y esta suerte de puertas amables y azuladas prolifera: ‘Ens saludem’, ‘Fer les coses’, ‘Compartir omple’, ‘La gent fa el món’, ‘Fe de vida’ o ‘Som les persones’.

‘Compra i calla’

Otros elementos reconocibles son los dibujos de televisiones con lemas para despertar las conciencias adormecidas. En las pantallas, desperdigadas por cualquier muro, se leen ácidas críticas al consumismo como ‘Aquest és el teu déu: €’, ‘Compra i calla’, ‘Tot va bé’ o ‘Treballa 8 hores’.

Fuera de estos ‘inputs’ que aparecen cíclicamente en la ruta del casco viejo, el periplo por la Part Alta es una caja de sorpresas. En una puerta de la calle Ferrers, aparece impreso el símbolo Dharma de Lost, todo un misterio para la legión de seguidores de tan celebérrima serie; y algo más lejos, concretamente en la plaza Jesús de Natzaret, alguien ha tenido a bien rendir tributo a la poesía de Amélie, con un retrato de la protagonista y un diálogo de la película, material sobre amores y sueños para alegrarle a uno la mañana quejumbrosa.

Los rótulos buscan la evasión, la huida del monótono día a día y la homogénea ciudad. No es difícil que algunos le roben una sonrisa al distraído viandante. Es el objetivo del explícito y optimista ‘Viu i somriu’ que decora varias veces las inmediaciones de la Plaça del Fòrum.

Intriga en la calle Granada

La risa también se escapa furtivamente con todo el repertorio de mensajes absurdos, como el del folio en una destartalada y sucia puerta de la calle Granada, que avisa a curiosos y ladrones: ‘No entrar. No hay nada dentro’. La advertencia logra el objetivo contrario: aumentar la curiosidad de ver qué se esconde al otro lado. Misterios e intriga... porque todo es posible en la calle Granada.

Que con la que está cayendo alguien se tome las cosas con humor es gratificante, así que bravo para el que ha puesto en venta su privilegiada casa en la calle Mare de Déu del Claustre mediante este feliz anuncio: ‘Caprichosa vivienda con muchas posibilidades se vende’.

Ahora toca una visita por el túnel del surrealismo, también llamado calle Comte. Todos los carteles cuelgan bocabajo, algo que se entiende viendo el primero: ‘Decálogo del absurdo’. Girando la cabeza con peligro de torsión, se leen frases como ‘Toda verdad es de relativa vigencia’, con letras invertidas, y exhortaciones en la línea: ‘Piensa en lo absurdo’, ‘Casa nostra al carrer’ o ‘Sonrío siempre’. En la calle Villarroma, una pegatina con las palabras ‘Poesía elevada’ tapa parcialmente una señal de tráfico.

‘Sigues un heroi, rebela’t’

Cualquier centímetro cuadrado es útil para estampar nuestra reivindicación en forma de grafiti o pegatina. Así, una cañería de la calle Talavera advierte: ‘Et gastes els pocs diners que tens en coses que no necessites’ y un trozo de papel en frente de la sala El Cau recomienda romper los grilletes del orden establecido: ‘Sigues un heroi, rebela’t’.
La Part Alta bulle como un hervidero de protestas y lemas del que es difícil salir bien parado. En una señal, una pegatina ataca al peatón de improviso: ‘Yo iba para hombre y me quedé en guardia urbano’ y el cuerpo de seguridad no escapa a la crítica mordaz, más extendida por toda la ciudad pero vista, en este caso, en la Plaça del Fòrum: ‘Yo no voy al puerto y la Urbana tampoco’.

‘Por hay se va a casa’

El resto son defensas de la libertad en Palestina, proclamas contra la droga –a cargo de las juventudes anarquistas–, alegatos independentistas y una cachonda indicación con falta de ortografía, acompañada de una flecha: ‘Por hay (en lugar de ahí) se va a casa’.

Otro mundo son las faltas ortográficas que pueblan las calles de esta ciudad. Aquí se adjuntan sólo dos a modo de ejemplo. ‘Prohibida la entrada ha menores’, visto en la puerta de un club en la Part Alta, y ‘Garage La Campana’, un inmenso letrero en la calle Sant Miquel que ha cambiado estrepitosamente la ‘j’ por la ‘g’.

Por supuesto, no faltan los que se toman la gestión municipal por su mano y, a falta de vados reglamentarios, suplican que no se estacione delante de su casa mediante un mensaje rudimentario en la persiana. Garabatos como ‘No aparqueu a l’altra banda’ o ‘No aparque. De aquí tiene que salir una moto’ son un clásico.

Kiev, verano de 1942

Pero el gran misterio callejero de Tarragona habita curiosamente fuera de la Part Alta. En la zona de bares, miles y miles de jóvenes han pasado las noches preguntándose qué diablos sucedió en Kiev en el verano de 1942.
Porque todo el que haya quemado más o menos la noche tarraconense debe conocer ese grafiti insigne impreso en una puerta metálica junto a la Llar del pernil. He aquí la historia vía Google: la capital ucraniana acogió el partido de la muerte. Con el país ocupado por la Alemania nazi, la selección germana disputó un partido contra un equipo ucraniano. En el descanso, los locales ganaban 2-1 y un oficial alemán advirtió a los jugadores en el vestuario de que si ganaban serían todos fusilados. Pero los ucranianos hicieron caso omiso y se impusieron por ¡4-1! Algunos fueron arrestados y murieron en los campos de concentración.

Cerca, enfrente de la Sala Zero, una inscripción figura en los muros del teatro romano y dice: ‘En Barna todos tienen Vespa’ y justo en la otra acera la sabiduría popular y anónima nos regala, cual revelación trascendental y con rebelde caligrafía, la cita ‘Cardar i parlar català són sinònims’, abierta a interpretaciones. Porque los carteles urbanos –arte, improvisación o gamberrismo– invitan por lo menos a la reflexión y, si se tercia, a la risa cómplice. 





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