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El legado judío de Tarragona

La ciudad contaba con una sinagoga, unos baños públicos y un horno 

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Leandre Ibar | 30/08/2009 21:28
En el corazón de la judería, Ca la Garsa, se creyó que podría haber sido la antigua sinagoga. Una teoría que últimamente se ha descartado. FOTO: NINÍN OLIVÉ

La presencia de judíos en Tarragona se remonta hasta el siglo V d.C., aunque algunos historiadores consideran que podría ser bastante anterior. Al igual que en otros lugares de Europa, la historia de este pueblo en la ciudad alterna períodos de relativa calma con otros tumultuosos, cuando la violencia y los pogromos hacían estragos entre la población.

Sin embargo, y a diferencia del resto del continente, la presencia hebrea en la ciudad se trunca de manera repentina con la expulsión de los judíos de la península Ibérica, decretada en 1492 por los Reyes Católicos.

Una comunidad antigua

El pueblo de Israel ha estado marcado desde su nacimiento por las persecuciones. Sin embargo, las vicisitudes por las que pasaron los israelitas a lo largo de la historia no impidieron que, tras varios períodos de cautiverio a manos de egipcios, asirios y babilonios, retornasen a su tierra en el siglo VI a.C.. Allí se mantuvieron incluso con la llegada de los romanos quienes convirtieron los territorios del actual Israel en una provincia más de su imperio. Después de dos siglos de ocupación y guerras, los romanos acabaron esclavizando o asesinando a una gran parte de los judíos en el año 136 d.C.

A esto hay que añadir que los hebreos ya gozaban de una profunda tradición comerciante y, por tanto, emigrante. Así, la diáspora judía se vio ampliada, y las colonias esparcidas por Europa, Asia y África recibieron nuevas oleadas de inmigrantes.

Tarragona, que por aquel entonces era una de las principales ciudades del Mediterráneo occidental, no fue una excepción, y pronto vio crecer una comunidad hebrea.

Los restos más antiguos de presencia judía en la zona de Tarragona están datados precisamente entre los siglos V y VII, en pleno dominio de los visigodos. En las necrópolis de Mas Rimbau i Mas Mallol se han excavado tumbas con restos de ánforas de tipo oriental, además de encontrarse la inscripción «Samuel», un nombre típicamente judío, y el dibujo de una menorá, un candelabro de siete brazos, símbolo del judaísmo. A estos hallazgos hay que sumarles varias lápidas de la misma época que prueban la presencia de judíos en Tarragona, la más antigua de las cuales, y que ahora se encuentra en el Museo Sefardí de Toledo, reza «paz sobre Israel y sobre nosotros y nuestros hijos».  

Todos estos restos son indicios que apuntan a la existencia de una comunidad judía establecida no sólo en la ciudad, sino también en zonas del interior del Camp. Así, la población rural habría abastecido de alimentos a la de la ciudad.
A pesar del aislamiento y abandono del Camp de Tarragona en esa época, la colonia judía tarraconense aguantó hasta la reconquista a cargo del conde de Barcelona Ramon Berenguer III, en 1116.

La época dorada

La edad media significó el período de máximo esplendor de los judíos catalanes, y Tarragona fue la ciudad con la aljama más importante.
Varios reyes, como Jaume I, garantizaron ciertos derechos y exenciones fiscales a la colonia judía de la ciudad, cuyos comerciantes ganaron influencia, pero durante bastante tiempo los judíos estuvieron mal vistos, cuando no perseguidos y marginados, y fueron recluidos a su barrio, el Call.

El Call de Tarragona ocupaba una zona de la actual Part Alta, en la actual Plaça dels Àngels, y las calles adyacentes, como las de Santa Anna, d’En Granada, de Talavera y de la Portella. Esta última recibe su nombre de la Portella dels Jueus, una pequeña entrada para viandantes en la muralla que todavía se conserva y que comunica con el Passeig de Sant Antoni.
Un legado auténtico

El barrio contaba, lógicamente, con una sinagoga, que fue expropiada en el siglo XIV y reconvertida en iglesia, pero también con baños públicos, matadero y un horno. Una lápida encontrada en el Pretori podría haber sido parte de la fuente del templo. Fuera de las murallas había un cementerio en la zona de la calle Robert Aguiló.

Justamente la ubicación exacta de la sinagoga no está clara aún, pero los arqueólogos sospecharon durante tiempo que podría haber sido Ca la Garsa, en el corazón de la judería, aunque esta teoría parece refutada. Aún así, se trata de un edificio imponente cuyos arcos medievales y otros restos conforman los vestigios más importantes de la Tarragona judía, si bien la construcción ya estaba en pie en época romana. Actualmente es propiedad del ayuntamiento, que pretende dar a conocer el pasado hebreo de la ciudad.

No obstante, el legado judío medieval se extiende más allá del Call. En el Museu Diocesà de la Catedral se encuentran dos lápidas, la que se encontró en Els Pallaresos y otra de Falset. Y en el interior de la catedral se puede ver una pintura de un judío, al que se reconoce por el vestido oscuro y por llevar una marca amarilla en el pecho, algo habitual en la edad media y que permitía distinguir a los miembros de esta comunidad.
Muy cerca de la catedral, en la calle Escrivanies Velles, se halla la Casa del Degà, sede del Col·legi d’Enginyers, en cuya fachada se pueden admirar otras dos lápidas con inscripciones hebreas. 





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Promicsa | Redacción