Google    diaridetarragona.com

Orgullo indi

El festival Palmfest de L'Hospitalet de l'Infant hizo vibrar al público más alternativo con cuatro noches de propuestas innovadoras que transitaron de la electrónica al rock

Compartir   Compartir en Facebook  Compartir en Twitter  delicious  digg  technorati  yahoo  meneame
RAÚL COSANO | 06/09/2010 18:49
El grupo sueco Lacrosse, una de las sensaciones del festival. - DT

Entre palmeras y la brisa marina, la música sabe mejor. Conquistó por quinto año consecutivo el Palmfest el entorno del Club Nàutic de L’Hospitalet de l’Infant y sus playas, a base de cuatro noches la mar de eclécticas, que fueron del pop pegadizo de guitarras, hasta la canción de autor, pasando por el rock de sintetizadores y la inaplazable electrónica rompepistas para amenizar las madrugadas. Una coctelera bien festiva bajo el manto de la música independiente.

Tras abrir boca el jueves con apuestas locales como The Transistor Arkestra o los dj’s de casa Figa o Syphone, el desfile de pesos pesados comenzó el viernes. Infalibles La Habitación Roja, veteranos del asunto indie, que si en estudio suenan blanditos sobre las tablas ese pop sentimental y melódico se embrutece, más aún si la colección de hits, a estas alturas de trayectoria, es imbatible. Ahí están ‘Van a por nosotros’, ‘La edad de oro’, ‘El eje del mal’, ‘Agujeros negros’ o ‘Nunca ganaremos el Mundial’. Difícil que el corazón no se retuerza con el deje melancólico de algunos versos y la nostalgia, siempre orbitando. Los valencianos son como de la familia, como esa música que siempre ha estado ahí forjando adolescencias. Jorge Martí, líder y cantante, se deshizo en elogios a la Sala El Cau y recordó antiguas farras en Sant Carles de la Ràpita.

La noche del Palmfest es un ‘in crescendo’ de revoluciones, un ping pong entre el escenario principal y la carpa para la electrónica, con el habitual desfile de los colectivos de pinchadiscos. Los emergentes Neonized conocen al dedillo los entresijos del temazo y con esa virtud hicieron bailar a la muchachada, gastando un punto de humor que les hace remezclar a los Backstreet Boys (esos años 90, deudores, que siguen ahí) o manosear sin prejuicios el waka-waka de Shakira. Otros que saben hacer vibrar al público son los suecos Lacrosse, una de las grandes sorpresas del festival. Ritmos pegadizos, a lo Arcade Fire pero en freak, con la vocalista luciendo bigote postizo y el guitarra portando una cinta de tenista en la cabeza, más alguna barba puramente indi y un músico enfundado en un mono.

Luego, ellos mismos vendiendo su disco (¡que no se pierda la independencia artística nunca!). Surrealismo con clase, finales épicos de canciones y el público, ya calentito, apto para asistir al plato estrella, la ración de synth rock a cargo de los barceloneses Mendetz, que convirtieron L’Hospitalet en una frenética pista de baile. Sonidos ochenta en vena para que las masas, esa inmensa minoría que goza con el indie, delire al compás de los sintes. El pitote que se arma es divertido: apoteósica versión de ‘Freed from desire’, con tres dj’s en calzoncillos que hacen de espontáneos en el escenario. Luego DJ Amable alargó la discoteca hasta casi el alba; de hecho, poco rato hubo para el silencio, pues ya el sábado por la tarde tocó una sesión de Ipod Battle, esas batallas de apenas un minuto de canción en la que hay que ganarse al público para que reviente el aplaudímetro y así poder pasar de ronda. Syphone & Vermouth se hicieron con el título. Ya por la noche, abrió fuego The New Reamon, con una impecable ración de canciones costumbristas llenas de ironía; le siguió la psicodelia rock de Stay o los intranscendentes y algo tediosos en directo Los Punsetes (impagable el recital de inmovilismo de Ariadna, su cantante, una estatua de voz limitada que apenas parpadeaba).

Nada que ver con los franceses Naive New Beaters, trío inefable que sedujo al público desde un principio, con una estética a lo Borat, coreografías desbordadas entre lo patillero y lo divertido, espléndido buen humor y ritmos poderosos entre el rap, la electrónica y el rock, convirtiéndose acaso en lo mejor del festival. Dinamitó la noche Rinôçérôse DJ Club y demás ejército de maestros de la electrónica, que pusieron la guinda a un evento de querencia pelín gafapasta, pero en cualquier caso completo, intenso, arriesgado y ya, por quinto año, consolidado como un referente de la causa independiente. Se dice pronto.





Publicidad

ÚLTIMAS NOTICIAS

© Diari de Tarragona
Domènech Guansé, 2 - Tarragona
Telèfon 977 299 700
Promicsa | Redacción