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Cumbres borrascosas

El fotógrafo tarraconense Jordi Ortiz proyecta en la pantalla de la Tabacalera hasta el próximo 15 de enero 'Muntanyes', recorrido visual por la arquitectura urbana de los rascacielos barceloneses

El día se lio la manta a la cabeza y sacó del armario su traje nórdico. Jordi lidiaba con un paraguas desarbolado. La luz, idónea, dotaba de matices únicos sus imágenes en la pantalla. Cielos incendiados como infiernos por las aristas aguijoneadoras de imponentes construcciones. En mitad del temporal, se inauguraba Muntanyes, la muestra fotográfica del tarraconense Jordi Ortiz, un recorrido de cuarenta imágenes por las cordilleras arquitectónicas del skyline barcelonés. «Un día paseando por el distrito 22@ me encontré con una montaña», señala el fotógrafo y diseñador, «y allí comenzó todo», apunta. «Está repleto de edificios que superan los cien metros de altura. Me puse a hacer fotos mirando hacia arriba». Durante más de diez meses, Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat han sido su campo de trabajo. «Prefería los días con mal tiempo», asegura, en un intento de recrear atmósferas entre vertiginosas y opresivas a través del contrapicado. «Llega un momento en el que pierdes la perspectiva de lo que estás mirando. Ni siquiera puedes ver el cielo. Son los nuevos colosos», considera el autor.

En el marco de El Teler de Llum y comisariada por Chantal Grande, la muestra, la quinta de la temporada, de cuatro minutos de proyección, se podrá ver a diario a las 16, 18, 20 y 22 horas, hasta el próximo 15 de enero. «Es un proyecto novedoso en tanto que el artista lo ha concebido para captar la atención del paseante en un entorno que no es el más habitual», remarca la comisaria. «Y además está ideado para verse en pantalla». Chantal recuerda «la poesía y delicadeza» que destilaba la obra con la que conoció a Jordi Ortiz en su galería: «Era un trabajo sobre la naturaleza domesticada pero con aires de paraíso salvaje». Fue entonces cuando pensó en él para exponer en la Tabacalera. «Nos ofrece una serie de tótems arquitectónicos que son las montañas sagradas de la contemporaneidad», apostilla.

Edificios soberbios, majestuosos, que se erigen como iconos de un dogma reciente donde las magnitudes monumentales entroncan con liturgias atávicas. Sus hacedores: Ricard Bofill, Jean Nouvel, Rafael Moneo, Richard Meier, Óscar Tusquets, Toyo Ito, Enric Miralles, Benedetta Tagliabue o David Chipperfield, entre otros, dejan la huella de un sello encumbrado a marca, hasta el punto de que «en Francia ya no se pueden tomar imágenes de arquitectura en la calle porque existe el derecho de propiedad intelectual», subraya Chantal. Los arquitectos perfilan edificios «con un fuerte componente tecnológico», en los que prevalece la simetría y el volumen geométrico, conformando novedosos paisajes en los que el horizonte se diluye.

Jordi Ortiz enfrenta al espectador a estas «pirámides» de flamante cuño, interrogándose acerca de su confortabilidad, «vistos desde fuera tienen la apariencia de espacios aislados, casi sin vida, a veces incluso inhóspitos». Cada uno decide si inicia la expedición. La escalada aguarda allí «donde el deseo viaja en ascensores», tal y como firmó Joaquín Sabina.

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