Es mi deber de ciudadano ecologista informar de los esfuerzos realizados por el Ayuntamiento de Creixell para convetir unas playas fantásticas en playas dignas del inframundo. El Ayuntamiento de Creixell está dedicando muchos recursos, esfuerzos y tiempo a mantener nuestras hermosas y ecológicas playas, con estas fantásticas zonas húmedas donde anidan especies únicas en peligro de extinción, que deben ser protegidas del peligroso ser humano. Expertos ornitólogos de todo el mundo han certificado la importancia de esta zona del Mediterráneo. ¡Qué orgullo! Pero, la realidad es que yo sólo he conseguido ver un pato. Y desde luego este año, que ya me siento mucho más ecológico, he pasado una revetlla de Sant Joan terrible, sufriendo por el pato. No entiendo cómo se permite tirar cohetes y petardos toda la noche. Con lo que eso debe molestar al pato. Pero lo más grave es que el día siguiente de la revetlla la playa mostraba un aspecto desolador. Vergonzoso. Ya me imagino que no ha sido el Ayuntamiento el que ha ensuciado la playa; han sido los de siempre, los vándalos. Y claro, ya comprendo que sus empleados de la brigada de limpieza tengan festivo. Pero es que era festivo para todos y la playa estaba bastante llena. Incluso había familias con niños. Y en la playa había basura esparcida por todas partes, botellería variada, petardos reventados y por reventar, cristales de vasos y botellas rotas, condones y hogueras humeantes...
Y decidí actuar. Claro, yo solo no podía ocuparme de toda la playa, así que me concentré en la pasarela que lleva hasta el puesto de socorro, frente al chiringuito DonQuijote. Estaba llena de cristales rotos, así que convencí a unos niños (que iban descalzos, los muy insensatos) de que me ayudaran, no fuera que el pato se lastime y el ayuntamiento deje de cuidar la playa.
También tengo que añadir que los señores del Ayuntamiento paecen no haberse enterado de que ha llegado el verano y las playas ya hace semanas que se llenan. Hasta hace pocos días, nuestras playas no tenían ningún tipo de servicio. Ni papeleras, ni duchas, ni lavabos, ni un miserable chiringuito donde comprar una agua para los niños. Esto también me ha hecho sufrir mucho, porque he visto niños que tenían que ir a hacer sus necesidades donde vive el pato. De todos modos, qué suerte tiene el pato de tener este ayuntamiento.