Reconozco que cuando se explicó el proyecto de Reus era bastante escéptica, pero como enamorada de Gaudí que soy no puedo más que alabar el edificio de interpretación que está acercando la figura de este genial arquitecto no sólo a los ciudadanos de Reus o la provincia, sino a todo el mundo.
Del escepticismo he pasado, apenas dos años después de su inauguración, al orgullo, sobre todo cuando veo que franceses, ingleses y hasta rusos llegan a mi ciudad en busca de la niñez del hijo ilustre más internacional de Reus.
Y no les quiero engañar, la curiosidad de aquéllos también va en mi beneficio: soy propietaria de una tienda del centro y muchos de estos turistas se dejan caer por mi negocio.
Ha sido una fortuna saber rendir tributo a Gaudí a la vez que abríamos Reus al mundo.