HMS Vanguard vs. Le Triomphant, o, lo que es lo mismo, submarino británico contra submarino francés, y no es broma, ha sido noticia en todos los medios. Estremecedor enterarse de que iban «armados con misiles intercontinentales de largo alcance y múltiples cabezas nucleares capaces de destruir el planeta».
Francamente, es para ponerse a temblar saber de la existencia de estos submarinos atómicos capaces de originar y causar problemas ya, en época de paz. Hasta el presente, habíamos sabido de colisiones o incidentes entre pesqueros, yates y barcos, con la consiguiente sorpresa de cómo es posible que unas embarcaciones de gran calado y enormes dimensiones no perciban la presencia de otra embarcación de parecidas características en su entorno o en su misma ruta. Y más sorprendente aún éste del que hablamos entre dos subamarinos nucleares de exorbitantes dimensiones, dotados de radar, sónar, antenas, periscopios y de todos los más sofisticados sistemas de navegación.
Pensemos por un momento que se trata de dos embarcaciones submarinas con una eslora que sobrepasa el largo de un campo de fútbol, una manga parecida al ancho de cuatro autocares y un calado casi como una casa de tres pisos. ¿Puede creerse que chocaron ‘casualmente’ en pleno Atlántico Norte? ¿Es creíble esta historia? ¿Es técnicamente aceptable? ¿Se durmieron los navegantes? ¿Fallaron todos los sistemas de navegación de a bordo? ¿Iban beodos los comandantes? Ni las carabelas de Cristóbal Colón ni los galeones del pirata Barbarroja en el Caribe sufrieron percances semejantes. Tampoco se sabe –o no se ha dicho– si la colisión fue diurna o nocturna, con buena o mala mar, en día sereno o con niebla, navegando en superficie o en inmersión. La verdad es que son muchas las incógnitas por desvelar y que posiblemente nunca lleguemos a saber. Bien es cierto que lo que pudo ser una verdadera catástrofe se acabó con un simple ‘susto’ y una pequeña ‘abolladura del chasis’. Ahora, este suceso me da qué pensar... Si en tiempos de paz, en unos ejercicios tácticos entre dos países amigos, sin angustias ni presiones de enemigo alguno, pasa lo que pasa... en tiempo de guerra (¡Dios nos libre!), a qué nos exponemos... Más vale ni pensarlo.