Alex Saldaña -
16/06/2008 07:59
Ayer –todavía hoy- fue fiesta en Gijón y Málaga. Sí, allí celebran lo que hace apenas nueve meses pensábamos que podíamos estar disfrutando también en Tarragona, el ascenso a Primera División. Pero el Nàstic no ha estado este año para fiestas y nos tendremos que conformar con ver cómo celebran los demás. Y, después de cómo ha ido la temporada, contentos podemos sentirnos por no estar viéndolo con lágrimas en los ojos. Y es que el Nàstic este año nos ha dado más motivos para el desencanto que para la ilusión.
Y, sin embargo, allí ha estado la afición, domingo tras domingo, sufriendo como sólo los tarraconenses saben hacerlo, con esa mezcla de rabia, impotencia y, al mismo tiempo, una fe ciega en la salvación. Sí, los granas tienen un tesoro en su afición, un tesoro al que hay que mimar como el mejor activo del club, un tesoro que merece que la próxima temporada se planifique pronto, con cabeza y sabiendo que para volver a Primera hay que saber jugar en Segunda. Tarragona –la ciudad, la provincia y sus gentes- merece un equipo de Primera. El que no lo crea puede mirar a Soria.