Vergonzoso

Contactar con el autor Alex Saldaña - 27/07/2008 16:30
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Una joven minusválida con dos dedos de un pie rotos por un accidente sale del hospital rumbo a una farmacia y queda inmovilizada a las once de la noche en una calle del centro de Tarragona porque se descarga la batería de la silla de ruedas en la que normalmente se desplaza. Había avisado en el hospital de esta circunstancia y solicitado una ambulancia para llegar a casa, pero «estaban todas ocupadas». Vaya, qué casualidad; siempre es lo mismo: cuando se necesitan nunca aparecen. ¡Ah, es que no es una emergencia! Bueno, el caso es que está allí, en la calle, sola, sin poder moverse. No lleva consigo teléfono móvil alguno, por lo que no tiene cómo comunicarse con las autoridades. Después de un rato pidiendo auxilio, un vecino la escucha y llama a la Guàrdia Urbana, que acude con premura. Cualquiera podría pensar que la historia ya ha acabado, y de un modo feliz. Pues no. La policía local llama a la compañía de taxis, que, a pesar de ser los más caros de España, no disponen de un vehículo adaptado. Vaya por Dios. La joven sigue allí, paralizada. Al final llega a casa en un vehículo policial gracias a la humanidad y sensibilidad de los agentes. Éstos sienten vergüenza de lo sucedido. Y yo, también. 





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