El Supremo acordó por amplia mayoría rechazar los recursos de las familias a la obligación de cursar Educación para la Ciudadanía. No debió ser una decisión fácil, ya que las deliberaciones se prolongaron veinte horas. El tribunal abre, sin embargo, la puerta para que los padres objeten el manual que en un centro se siga si no están de acuerdo. En la práctica, algo inútil por cuanto, incluso en caso de ser atendidos, la ideología que se inculca no depende tanto del manual como del profesor. El Gobierno ha logrado un triunfo jurídico y la objeción de conciencia ha perdido una nueva batalla. La sentencia está en la línea moderna del refuerzo del Estado y de la pérdida de identidad de la familia, desde su misma definición hasta su capacidad para cerciorarse de que los hijos son educados en los temas más íntimos de acuerdo con su forma de pensar. Las familias que quieran asegurarse qué aprenden los hijos en temas polémicos deberán tomarles la lección en casa al regreso de la escuela.