Antoni Coll -
03/02/2009 09:37
En Nettuno, población cercana a Roma, un grupo de jóvenes rociaron con gasolina a un inmigrante indio que dormía en la estación de tren y le prendieron fuego. El hombre estaba ayer hospitalizado. Dijeron que lo hicieron «para divertirse» y ver cuánto tiempo duraba su víctima. El suceso recuerda el de los tres jóvenes que quemaron a María Rosario en Barcelona cuando dormía en un cajero automático. También entonces actuaron para divertirse.
Por supuesto, estas conductas son por fortuna marginales, como las de violencia de género o los simples actos criminales de todos los tiempos. ¿Qué se puede hacer? ¿Qué valores cabe transmitir?
Cuando José Blanco dice, refiriéndose a Educación para la Ciudadanía, que «explicar cómo se usa un preservativo está de acuerdo con nuestros valores y a nadie debe molestar», no se da cuenta de que no basta con proporcionar a los jóvenes placer seguro, porque lo seguro es que, para llenar el vacío de una vida, el placer nunca será suficiente.