Antoni Coll -
05/06/2009 08:53
España ingresó en la Unión Europea (Comunidad Europea era su nombre más corriente) en 1986, veinte años después de haber llamado infructuosamente a la puerta. Felipe González y Jacques Delors, el francés que presidía entonces la Unión, negociaron la política de ayudas comunitarias, que fue como un maná para nuestra economía. En los 20 años siguientes, por cada euro que España aportó a las arcas comunitarias recibió 1,85 de retorno, en total, un saldo neto de 118.000 millones de euros (20 billones de pesetas).
Esto significó pasar de tener una renta que representaba el 71 por ciento de la comunitaria a una que era del 90 por ciento. Con el ingreso posterior de países del Este, como Bulgaria y Rumanía, en 2007, hemos pasado de ser un miembro pobre a un miembro rico.
Esta experiencia histórica debería llevarnos a ser unos forofos de la UE. Quizá nos hayamos olvidado de ello. Desde luego la actual campaña electoral, entretenida en pugnas domésticas, no lo ha recordado.