Hace años, en el aeropuerto de Atlanta, me sorprendió ver en el aire colas de aviones que despegaban y otros que aterrizaban. La sorpresa estaba justificada. Hoy este aeropuerto es el mayor del mundo en número de pasajeros (90 millones), seguido de Chicago (69) y Londres-Heathrow (67). El de Madrid (51 millones) ocupa el número 11 del ránking, por encima del Kennedy de Nueva York, que es el 12.
Barcelona es el número 34 de esta escala mundial (30 millones), pero con la inauguración ayer de la nueva terminal T-1 escalará posiciones y puede superar incluso a Munich o a Roma, aunque lo tendrá difícil con Frankfurt, primero de Europa (53 millones).
Viendo estas cifras, uno evoca el 17 de diciembre de 1903, cuando los hermanos Wright, vendedores de bicicletas en Ohio, echaron a suertes quién pilotaba su invento de biplano por primera vez. Se elevó unos 6 metros y recorrió 40, aunque aquel mismo día, en otro vuelo, uno de los hermanos llegó a cruzar 255 metros.