Antoni Coll -
08/12/2009 11:19
En el campus de la Universidad de Navarra, que yo mismo me pateé con árboles y edificios recién plantados, Montse Lezáun, estudiante de Derecho se enamoró de Antonio Salvá, que cursaba Medicina. Acabadas sus carreras, se casaron y en Pamplona nacieron sus primeros tres hijos. Con el tiempo, uno de ellos, Diego, se hizo guardia civil.
La familia se trasladó a Mallorca y se engrandeció con el nacimiento de otros cuatro hijos. Una de las ventajas de vivir en Mallorca, pensaban los padres, es que Diego estaría más seguro que en Navarra. Hasta que el 30 de julio, el guardia civil, junto con un compañero, Carlos Sáenz de Tejada, fue asesinado por ETA.
En una entrevista en ‘Nuestro Tiempo’, la madre, Montse Lezáun, contesta a la pregunta de si se puede perdonar: «¡Claro que se puede. Mis padres me enseñaron a querer!».
Son las circunstancias humanas que rodean el frío dato de los noticiarios: «Dos guardias civiles asesinados por ETA en Baleares».