Una vez más, Otegi se sentó en el banquillo. En esta ocasión por apología del terrorismo. Ahora el Estado no le deja pasar una, igual que la Ertzaintza se muestra más activa. Su abogado explicó que su defendido se había sumado a los presos de ETA en su «huelga de hambre por turnos» (modalidad que supongo debe ser más llevadera), razón por la que pidió a la juez Murillo si su cliente podía beber agua.
- ¡Para mí, como si quiere beber vino! –respondió la magistrada–.
En otro momento el interrogatorio fue:
- ¿Condena usted rotundamente la violencia de ETA?
- No voy a contestar.
- Ya sabía que no iba a contestar.
ETA continúa, aunque por fortuna disminuye sus atentados. Algún día acabará como muchas revistas que se editan. Van espaciando su salida, hasta que se sabe que han muerto porque ya no aparecen, aunque no se hayan despedido.