700 alumnos, de entre seis y ocho años, de los siete colegios de Vila-seca participan en la primera jornada Intercultural de escolares
El juego era sencillo. Decenas de papeletas se repartían a lo largo y ancho de una mesa, escondiendo, boca abajo, la bandera de un país, sólo había que levantar dos. «¿Con quién te casarás?», preguntaba un niño; otro descubría el supuesto origen de su futura esposa: Rumanía. «Te casarás con una rumana». Seguía: «¿Dónde vas a vivir?». Ahora le costaba más decidirse, parecía que la pregunta le provocaba mayor incerteza y ansiedad. Por fin, Brasil. «Te casarás con una rumana y vivirás en Brasil toda tu vida», le decía el compañero que dirigía el juego.
Ayer, 700 alumnos de primero y segundo (entre seis y ocho años), de los siete colegios de Vila-seca: Cal.lípolis, La Canaleta, La Plana, Mestral, Miramar, Sant Bernat Calvó y Torroja i Miret, participaron, en el polideportivo, en la primera jornada Intercultural de los escolares vilasecanos. Gastronomía, folklore, tradiciones, costumbres de todo tipo y cultura en general se dieron la mano conformando el mapamundi actual de alumnos de los centros catalanes. Colombia, Argentina, Ecuador, Chile, Perú, El Congo, Marruecos, China y las comunidades autónomas... De la salsa a las sevillanas pasando por las sopas de letras sobre el Quijote y Cervantes. Se trataba de aprender, entender y así respetar todas las culturas. «Cada escuela ha trabajado en clase diversas culturas y ahora compartimos con los demás los aspectos aprendidos», explicaba Carme Negrillo, directora del centro Torroja i Miret. «A veces lo enfocamos todo a los resultados académicos sin darnos cuenta que la cohesión y la integración son el paso cero para lograrlos», añadía Josep Maria Quero, Inspector de Educación de Vila-seca.
En el proyecto participaron escolares, profesores y padres: «Todos se han involucrado al máximo y eso es lo más importante», proseguía Carmen. Mientras, los alumnos continuaban su desfile por los diversos talleres preparados por cada centro y que se extendían por todo el pabellón. «¿Sabéis lo que quiere decir canguelo?», preguntaba una profesora. «Es un cangrejo», contestaba una niña. «No, no, es una comida», se imponía un alumno. La profesora se encogía en señal de pánico. «Quiere decir miedo», sonaba al unísono. Era el taller de catalán-caló.