No hicieron falta grandes despliegues policiales. El top manta ha desaparecido de Calafell y de Coma-ruga, como también lo han hecho los turistas con el final de las vacaciones
No hubo sorpresas de última hora, ni ruido, ni jaleo de ningún tipo. Apenas había vida. Algún ciclista jubilado adelantando a corredores amateurs y poca cosa más. El paseo marítimo de Segur de Calafell vuelve a su estampa natural, a la imagen de hibernación típica del final del verano y lo hace, como era de suponer, sin manteros.
Lo que ha sido durante dos meses un hervidero de vendedores ilegales ambulantes, un improvisado mercado ilegal con autorización municipal, pasó ayer, en el tramo en concreto donde se ubicaban los manteros, exento de bares y comercios, a convertirse en un paraíso idílico de silencio, serenidad y calma.
Ni un coche de la Policía Local fue necesario. Sí que apareció alguno de los Mossos, pero con un vistazo fue suficiente. La problemática de los manteros parece que toca a su fin por lo que se refiere a esta temporada. El problema se disuelve sin esfuerzo y de un plumazo, por mucho que el daño, como manifiestan los comercios, «está ya más que hecho».
La estampa se repitió en Coma-ruga, donde también imperó la tranquilidad.
¿Miedo infundado?
Diversas fuentes aseguran que en los últimos días, antes de la desaparición de los manteros, estos se dedicaron a rebajar aún más, si cabe, sus productos, con el objetivo de acabar con las existencias.
Ahora, el temor se centra en que todo vuelva a la normalidad y los vendedores ambulantes ilegales resurjan en zonas más comerciales, tal y como ocurría antes de pactar con los ayuntamientos. Los comerciantes esperan que no sea así por la fecha en la que nos encontramos y porque la temporada turística este año parece que será más corta. Aún así, exigen que se tomen las medidas necesarias, ahora que hay tiempo, antes de la próxima Semana Santa, momento en el que se reiniciará, como cada año, la avalancha del top manta a lo largo de toda la Costa Daurada.