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El señor de las llaves

Un cerrajero afincado en Calafell guarda en su casa una colección de cerraduras y llaves de todo el mundo. Tiene desde cerrojos de la época romana hasta las tarjetas digitales de hoy

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JOSÉ M. BASELGA | 06/09/2011 19:40
Dicen que en este mundo hay dos palabras que abren todas las puertas: tire y empuje. Pero Jaume de Bargas conoce otras centenares de abrir una puerta. Tercera generación de una familia de cerrajeros de Barcelona, ha abierto en su casa de Calafell una exposición sobre la historia de la cerradura y las llaves. La colección recorre desde los cierres romanos a las tarjetas con chips indescifrables.
La colección es de hecho un repaso a la evolución de la propiedad. «Desde la época de los romanos, el hombre ha llevado una llave en su bolsillo», explica Jaume de Bargas. «Son los romanos los que empiezan a cerrar las casas». Y desde esa época hasta hoy en día, el cerrajero ha juntado más de 500 piezas. Incluso alguna de sus llaves se ha utilizado en películas como Pa negre o han servido para reproducir el regalo que se hizo al Papa Benedicto XVI en su reciente visita a la Sagrada Familia.
Bienes
De Bargas comenzó a coleccionar llaves y cerraduras hace décadas. Su familia las trabajaba dos generaciones antes y son una de las estirpes de cerrajeros más reconocidas de Catalunya. «Me interesaba como ha evolucionado la forma de hacer cerraduras y llaves. A medida que se atesoraban más bienes había más preocupación en hacer cierres más invulnerables».
La historia de la llave y de la cerradura está muy ligada a la evolución de la humanidad llegándose a convertir incluso en símbolos. Ya los romanos con motivo de sus enlaces matrimoniales se entregaban un anillo que permitía abrir un arca con los bienes.  O las combinaciones de cajas fuertes que se popularizaron en las películas con un ladrón intentándola abrir por el sonido.
Tíbet
La muestra de Calafell explica también el funcionamiento de esas cajas fuertes o enseña llaves de casi medio metro, «porque cerraban puertas que entonces eran así de anchas». Llaves del Tíbet, sencillas cerraduras de África, «que no protegían las casas, sino los graneros, que era donde las familias guardaban sus bienes más preciados».
De Bargas muestra la evolución de los dibujos de las llaves y como cada época se ha intentado complicar los engranajes de las cerraduras. Son elementos que por su cotidianidad pasan desapercibidos, pero que encierran detrás de sí la historia de la propiedad privada. Llaves de armario, de vagones de tren, de cartujos, baldas, de antiguas masías. «¿Cómo sería hoy la vida si no se hubiese inventado la llave?».
De hecho la investigación sobre las cerraduras es la que más ha evolucionado. Tanto para confeccionarlas como para abrirlas. «Conseguir la cerradura perfecta ha sido el encargo que, a lo largo de la historia, ha sido el más demandado a los cerrajeros», explica de Bargas. El cerrajero señala que hasta no hace mucho prácticamente todas las cerraduras tenían su secreto, pero ahora «con las tarjetas y las cerraduras digitales ya es casi imposible forzarlas».
Lectores digitales
Y se sigue investigando. Lo último son los lectores de huellas digitales, pero llegarán a popularizarse los que identifican a quien puede abrir la puerta con un lector de la retina ocular. «Es la obsesión de la humanidad por mantener bajo llave los bienes más preciados».
Quizá por ello desde que abrió la exposición hace unas semanas son muchos los que acuden a visitarla. Incluso está abierta a escuelas por lo que supone de didáctico en cuanto a lo que representan las llaves, las cerraduras y su evolución. «Y sigo buscando cierres y llaves» señala el cerrajero. «Mis amigos me los traen de sus viajes por todo el mundo».
Más información: Jaume de Bargas. Teléfono: 659 949847




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