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El amor alemán llama a la puerta

Cambrilense con doble nacionalidad –española y canadiense–, Rosa Mulet echó a volar y se trasladó a Alemania. El amor la esperaba en una villa cercana a Múnich

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MARIA PEDREROL | 21/01/2012 18:05

«Después de las dificultades que tuve para adaptarme a esta cultura, ahora me siento realmente satisfecha conmigo misma y feliz de haber dado el paso». Es Rosa Mulet, una cambrilense de 32 años que hace 3 que se instaló en Freising, una pequeña población a 40 kilómetros de Múnich (Alemania). Rosa aterrizó en Freising «por amor». Antes de poner los pies en tierras alemanas, esta cambrilense ya había desplegado sus alas hacia Quebec (Canadá) donde conoció a su actual esposo, nativo de Múnich, con quién se dejó llevar a lo que el destino le deparara.
El cambio fue, para Rosa, una de las mejores experiencias que le ha deparado la vida: «Ahora veo que Alemania me aporta muchas cosas tanto a nivel personal como profesional». Aunque esta cambrilense todavía no trabaja, tiene claros sus objetivos profesionales y espera, a partir del mes de junio, poder ejercer como psicóloga sin abandonar su formación en la materia. Hasta la fecha, Rosa se concentra en poner punto y final a la carrera de Psicología mientras ejerce sus prácticas en la clínica psicosomática Windach.
Racionales y prudentes
«El adjetivo que define a los alemanes no es ‘cerrados’, sino ‘prudentes’. Desde pequeños han recibido una educación más racional que nosotros, que somos mucho más emocionales que ellos. Por esto la espontaneidad no es su fuerte». Esta distancia formal le complicó a Rosa la integración a su nueva sociedad, ya que «estoy acostumbrada a dar besos a mis amigos y familiares cada vez que los veo» y el día que conoció a la familia de su marido, «muy educadamente me dieron la mano». Aun así, la insistencia de Rosa surgió efecto y ahora se alegra de que «automáticamente cuando me ven me dan dos besos».
Esto sin embargo no quita que, en general, la cultura alemana «es muy distinta a la nuestra. A veces es demasiado formal». Pero no es un aspecto que preocupe a Rosa, ya que «el hecho de ser español facilita su interés en conocerte como persona. Les encanta nuestro país, la cultura, la gastronomía... Son aspectos que facilitan la simpatía de los alemanes hacia nosotros». Además, «ellos mismos reconocen que no es fácil ni aprender su idioma ni crear amistades, aunque con paciencia y esfuerzo lo acabas logrando».
El tiempo es otro valor al que dan extrema importancia los nativos de Alemania, sobre todo en el ámbito laboral: «Cuando trabajan, trabajan. Esto hace que su productividad sea mucho más eficaz» y, lo que es más importante, que una vez finalizado su trabajo «siempre tienen tiempo para disfrutar de su vida social». ‘Multilingüe’Una de las actividades obligadas de Rosa es aprender alemán. La complicidad del idioma hace que esta cambrilense no cese nunca de esforzarse para comunicarse correctamente con los que le rodean. Aun así, la práctica del lenguaje va más allá y se extiende a otros idiomas que, con el tiempo, cada vez lleva más por la mano. «En casa con mi marido hablamos en francés porque es el idioma del lugar dónde nos conocimos, aunque tres días a la semana intentamos comunicarnos en alemán. Con su familia siempre hablo en alemán y con mis amigos depende, o bien utilizo alemán, o bien francés, inglés, castellano o catalán».
Todo por un coche
Ni una casa enorme, ni unas vacaciones inolvidables: Un coche. «Para ellos tener un buen coche es fundamental». Esta es la prioridad número uno de los alemanes, incluso «muchas familias podrían permitirse comprarseuna casa, pero prefieren vivir en alquiler y tener en propiedad un buen coche». De hecho, Rosa asegura que «conozco a alguna familia que vive en alquiler y tiene cuatro coches sólo para dos personas». Esto se traduce en mucho trabajo, pues «hay muchos que lo limpian una vez a la semana».





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