Hace nueve meses que la cambrilense Patricia Munárriz aterrizó en Londres. Una oferta laboral llamó a su puerta y decidió embarcarse en la ciudad de las culturas
«¡Ahora o nunca!». Así empezó la aventura de Patricia Munárriz, una cambrilense de 29 años que hace nueve meses se subió al barco que la llevó hasta Londres, la capital europea por excelencia de la multiculturalidad. Una oportunidad laboral fue el motivo por el que Patricia dejó su trabajo en Barcelona y decidió viajar hasta Londres, donde ejerce como Brand Manager en una multinacional que comercializa cosméticos y maquillaje de marca propia para terceros. «Siempre he querido trabajar en el extranjero y cuando me surgió esta oportunidad laboral tenía ganas de emprender un nuevo reto profesional y conocer la forma de trabajar de otro país», asegura Patricia.
Un día rutinario en la oficina de esta cambrilense comienza con la organización de tareas y la lectura del correo. Después de coger fuerzas con un buen desayuno, Patricia controla el porvenir de las ventas y, una o dos veces por semana, se reúne con el resto de departamentos para comprobar el estado de los proyectos que se llevan a cabo. Patricia adora su trabajo y «cuando me queda tiempo lo dedico a otra tarea importante, como buscar nuevas oportunidades de negocio o estar al día en lo referente a las noticias del sector y nuevos lanzamientos».
Socialmente pulcros
El trato continuo con los clientes ocupa un buen espacio en el horario laboral de Patricia. Un ‘tú a tú’ no sólo físico, sino también telefónico, gracias al cual «he aprendido, o al menos lo estoy intentando, a hablar por teléfono sin alzar la voz porque los ingleses son más bien callados», asegura.
Éste es sólo un pequeño ejemplo de los modales de educación que transmiten los ingleses, quienes, tal y como afirma Patricia, «son ante todo educados y respetuosos. Ceden el sitio en el metro, respetan las colas y no alzan el tono de voz». Además, «son muy rigurosos y responsables con su trabajo, pero eso no les impide ser sociables; cuando acaba su jornada laboral los pubs y restaurantes de Londres se llenan todos los días».Otra clara muestra de la pulcritud londinense es un hecho no menos sorprendente: «Las papeleras son muy difíciles de encontrar en la calle», explica Patricia. «Sin embargo, el suelo está siempre impoluto».Londres y el mundo
Londres sorprende por no estar habitada por ingleses. Los hay nativos, pero la realidad es otra: «Te relacionas con todo tipo de gente. En mi trabajo mantengo contacto con personas de Italia, Francia, India o Sri Lanka», explica Patricia. Esta multiculturalidad única en Europa es inevitablemente ensimismadora y, por otra parte, muy útil, pues «la oferta gastronómica es muy amplia y te permite comer platos de cualquier parte del mundo». Y, como Londres es ‘el mundo’, la preocupación por el ‘qué dirán’ desaparece por completo: «Aquí te invade una sensación de libertad especial».