Mientras algunos personajes se dedican a debatir sobre cómo debe ser la conexión del Port de Tarragona al Corredor del Mediterráneo, miles de ciudadanos de Cambrils, Mont-roig y Salou esperan desde hace años que les liberen del ferrocarril que atraviesa el centro de sus municipios
En las últimas semanas estamos asistiendo a un intenso debate sobre la conexión del Port de Tarragona al Corredor del Mediterráneo. Unos defienden el tercer rail como modo de adelantar esa conexión y dar salida al tráfico de mercancías en el año 2015, y otros prefieren definir una nueva propuesta que contempla construir una vía de ancho europeo, que como muy pronto, podría estar en funcionamiento en el 2020.
El debate se centra solo en el tráfico de mercancías. Ambas posturas, totalmente legítimas, se olvidan, no obstante, de los ciudadanos. Y no me refiero solamente a los de otras comunidades o países que esperan como agua de mayo una conexión ferroviaria eficiente que conecte el área mediterránea con el resto de Europa a través de la Alta Velocidad. Me refiero a los ciudadanos de nuestro entorno más inmediato, que a lo largo de los años han padecido el olvido de la Administración en cuanto a inversiones de mejora y creación de nuevas infraestructuras.
Parece que olvidan que existe un tramo ferroviario entre la central nuclear de Vandellòs y Tarragona de vía única que, además, atraviesa peligrosamente por el centro de varias localidades costeras. El núcleo turístico de Mont-roig (Miami Playa), Cambrils, Salou y en menor medida Vila-seca, viene reclamando desde hace más de 25 años el traslado de la vía actual. Algo que parecía tener solución cuando el Estado diseñó y mandó construir un nuevo tramo entre aquellos dos puntos, incluyendo la perforación de un túnel en el Coll de Balaguer, que hacía presagiar que muy pronto esos municipios se verían liberados del trazado actual que cercena su propio crecimiento y condiciona el urbanismo, además de eliminar el peligro que supone tener las vías del tren a pie de calle.
Fue con el gobierno del PP, que presidía José María Aznar, quien diseñó y ejecutó una primera fase del proyecto de desdoblar este tramo ferroviario (el único que queda entre Valencia y Tarragona de vía única) para que, posteriormente formara parte de la línea de Alta Velocidad del Corredor del Mediterráneo. La decisión del gobierno de Aznar fue muy bien acogida entonces y así se construyó dicho tramo hasta que los sucesivos gobiernos del Estado dejaron de considerarlo prioritario.
De ahí que, como ciudadano, me indigne ante el nuevo debate sobre el Corredor del Mediterráneo que mantienen el Port, con su presidente Josep Andreu al frente, y el diputado del PP y alcaldable por Tarragona, Alejandro Fernández. Me indigna porque, pese a reconocer la importancia que para el tráfico de mercancías tiene la conexión del Port con el Corredor del Mediterráneo, para nada hablan de lo que más afecta a los ciudadanos y que tiene que ver con ese mismo corredor ferroviario.
A ambos les recordaría que ya hace unos años existe una plataforma construida del citado corredor; que desde hace un año llega hasta las inmediaciones de la Estación del Camp de Tarragona; que está lista para conectarse a la Alta Velocidad y que solo falta voluntad política para que en menos de un año (si se lo propusieran) este tramo, entre l’Hospitalet de l’Infant y Tarragona y al que solo le falta colocar la catenaria y los raíles, entre en funcionamiento. De una tacada el territorio ganaría muchas cosas, entre ellas una mejor, más rápida y eficaz conectividad con Barcelona y el resto de comunidades autónomas del Mediterráneo y por supuesto con Europa. Conviene aclarar que lo más dificultoso y quizás más caro del proyecto ya se ha llevado a cabo, y que la mayor parte de la inversión ya se ha realizado. La falta de visión de nuestros políticos, que durante años han hecho caso omiso de las recomendaciones de la Unión Europea (UE), que considera prioritario modernizar e interconectar la Red Transeuropea de Transportes tanto de mercancías como de pasajeros, nos ha hecho perder el tiempo, el dinero y está acabando con la paciencia de los ciudadanos. Porque si en algo coinciden los dirigentes europeos y expertos en la materia es que en nuestro país existe un exceso de burocracia, de sorpresivos cambios en la política de infraestructuras y de extrema lentitud en los trámites que complica y retrasa cualquier proyecto.
Lamentablemente, el comportamiento de los distintos gobiernos del Estado (los del PP y sobretodo los del PSOE) y sus respectivos ministros de Fomento no han hecho más que aprovechar ‘batallas de campanar’ como las que protagonizan Andreu y Fernández, como excusa para frenar un proyecto ferroviario que hace años debería estar terminado y en pleno funcionamiento.