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El niño de Torreforta que se ha hecho mayor en el Barça

fútbol | A pesar de sus 18 años, es todo un veterano. Llegó al Barça en 2007 jugando de benjamín y ahora milita en el juvenil Guillem Jaime cumple 10 años de ‘culé’. Es de los pocos que ha pasado por todas las categorías

Publicado: 04:00 - 19/03/2017


Comenzó yendo en taxi a entrenar hasta Barcelona. Ahora reside y se forma en La Masia A los ocho años jugaba en los parques del barrio y dribabla a los chavales de 15

Dicen que a los ocho años driblaba a chavales de 15 cuando jugaba en el parque frente al Mercadona de Torreforta. En el ADN de Guillem Jaime ya correteaba el fútbol de barrio, y aún por domar: dos mochilas en el descampado y un partidillo improvisado al salir del cole. Cuentan que ya era imposible pararle. Puro pálpito balompédico de la periferia.

Nada que ver con la manufactura de crack pautada al máximo que se estila en La Masia, el icónico laboratorio de la cantera ‘culé’. Guillem Jaime vive entre esas paredes que han visto forjarse a tanto mito, a tanta historia.

Él, nacido el 6 de enero de 1999, es un caso insólito de longevidad y fidelidad, a pesar de que acaba de cumplir la mayoría de edad y es sólo un chaval. Lleva una década en el club azulgrana, algo que muy pocos pueden decir. Ha pasado por todas las categorías, desde benjamín hasta juvenil, donde está compitiendo ahora.


La dura criba ‘culé’
La empresa no es nada fácil. La exigentísima criba ‘culé’ llega cada final de temporada, y descarta a muchos del sueño de llegar lo más lejos posible. Él se ha mantenido firme, destapándose como un lateral derecho con ambición y progresión en el campo. En algunas etapas también ha jugado de extremo.

Guillem ha madurado. Atrás quedan los momentos más dolorosos, aquel separarse de su familia y su entorno para emprender la aventura. Él no olvida sus raíces, ni las calles de Torreforta que le vieron crecer. A la mínima que puede, vuelve al barrio para estar con los amigos de toda la vida, aquellos que le vieron dar sus primeros pasos con un balón.


No hay excelencia sin rigor
La perla de Ponent adjunta virtudes futbolísticas de sobra para dar el salto al profesionalismo, su próximo reto, otra vuelta de tuerca a su trayectoria. Tiene un físico portentoso, una técnica depurada y una gran capacidad de aprendizaje y de concentración en los momentos clave.

Aquel descaro callejero se modula ahora en La Masia, donde estudia Segundo de Bachillerato. Guillem se levanta a las 7.30 horas, desayuna, después toca una charla, una reunión y entrenamiento hasta el mediodía. Por las tardes, es turno para el entrenamiento, en esa formación integral a base de rigor y en base a una consigna: no hay excelencia sin disciplina.

Después del juvenil llegará el momento decisivo, bien sea el salto al Barça B o la andanza en cualquier otro equipo que le abra las puertas para que, después de esta formación de elite, se pueda ganar la vida como futbolista.


Aquel torneo de Portugal
En el fichaje de Guillem por el Barça fue decisiva su participación en el Mundialito del Algarve (Portugal). Fue elegido mejor futbolista del prestigioso certamen que disputó con el Barça mientras seguía jugando la Liga con el Torreforta. Finalmente, tras aquellas demostraciones, el club le acabó incorporando.

Comenzaron entonces los incontables desplazamientos desde Torreforta en el taxi del señor Luis para acudir a entrenar a Barcelona. Aquello le restaba horas de deberes, pero pudo compaginar bien el fútbol con los estudios, la prioridad tanto para él como para su familia. En suma, lecciones de sacrificio invisible en busca de un sueño.

«Tiene un perfil de banda erecha. Es muy rápido, se va bien en el uno contra uno y centra muy bien», le definía el técnico ampostino Josep Gombau, que por entonces era director de la escuela del Barça y uno de los entrenadores que realizó su seguimiento. Ha pasado una década. Guillem ha crecido, y no sólo como futbolista. Bajo la doctrina azulgrana, aquel niño de ocho años se ha curtido y llama a las puertas para hacerse un nombre en el universo futbolístico.


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