La ocupación en el campo lleva años en caída libre por las inexistentes incorporaciones de nuevos agricultores. Desde el 1994 se han perdido 1.186 puestos de trabajo y la tendencia sigue igual
L’Argentera se ha quedado sin payeses. Jaume Cabré ha sido el último agricultor de este pequeño municipio del Baix Camp en abandonar el campo después de toda una vida dedicada al cultivo de la avellana. Así pues, no es de extrañar que Cabré se ponga nostálgico cuando recuerda sus inicios. «Con 15 años ya acompañaba a mi padre todos los días al campo. Cuando él se jubiló me hice cargo yo solo de los terrenos», explica, sin dejar de mencionar que en aquellos tiempos haraban la tierra con una mula.
Como viene sucediendo en todos los pueblos de la comarca, Cabré no tiene relevo ya que sus hijos no han querido dedicarse a la payesía ni ninguna de las personas del pueblo quiere involucrarse. «No me siento ni bien ni mal porque el terreno se pierda. Es una etapa consecuencia de la poca implicación de la administración. Los pueblos de montaña se quedarán sin payeses», afirma. Sin ir más lejos, según datos facilitados por Unió de Pagesos (UP), en el año 1994 trabajaban el campo en L’Argentera 16 agricultores censados, mientras que ahora ya no hay ninguno.
La ocupación agraria en la comarca revela una línea descendente sin límite y abocada a desaparecer completamente, aseguran desde el sindicato agrario. Los datos en base al censo que realizan las Cambres Agràries no dejan lugar a dudas. En el 94 el número de payeses activos que trabajaban la tierra era de 2.275, en el 98 ya eran 1.756 por 1.268 en 2002. Las últimas cifras disponibles de 2007 rozan el millar de trabajadores agrarios.
Unos 600 en 2010
Una cifra que, según UP, volverá a descender por la inexistente incorporación de nuevas personas. Si se aplica un descenso porcentual en base a las cifras disponibles, en 2010 quedarían tan sólo unos 600 payeses en la comarca. «Durante los últimos seis o siete años no hubiera podido continuar sin las ayudas», subrayaba Cabré, que en años anteriores contaba con una producción de avellanas de hasta 200 sacos. Un trabajo que, al tratarse de un terreno de montaña, siempre ha llevado a cabo manualmente para recoger la cosecha en setiembre. Eso sí, a pesar de que ya no se levanta todos los días con los primeros rayos del sol, señala que no dejará de cuidar sus más de siete hectáreas de terreno. En el resto de la demarcación, los datos extraídos del Idescat referentes al 2008 muestran que en aquel año el número de agricultores era de 16.000 personas.
Ahora bien, Unió de Pagesos quiere dejar bien claro que los datos de desocupación agraria profesional no ilustran con exactitud la situación actual que padece el sector. Y es que las cifras dejan fuera a los temporeros, a los titulares de las explotaciones agrarias y a personas como Cabré, o sea, mano de obra de más de 65 años que continúa trabajando en el campo.
Los robos
Por otra parte, recordar que el sindicato agrario ha denunciado esta misma semana dos situaciones nefastas para sus intereses. El primero se produjo con las quejas contra la cadena Carrefour por asegurar que venden avellanas con la etiqueta de Denominación de Origen cuando no lo es. El otro caso se refiere al elevado número de robos que padecen los agricultores en sus terrenos y en sus fincas o casetas. En este sentido, Cabré sentenciaba que «por suerte sólo me han entrado a robar dos veces». Un par de las muchas vivencias que ha experimentado este payés que se siente contento de haber podido vivir de la tierra.