De acuerdo a las previsiones divulgadas, los economistas del BCE esperan que el Producto Interior Bruto (PIB) de la zona del euro se situará este año entre el 0,4 y el 1,2 por ciento, como ya había pronosticado en diciembre
"La confianza mejoró más de lo previsto y la economía global y el comercio exterior evoluciona mejor de lo esperado", dijo el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, quien pese a ver el horizonte más despejado repite que, "aunque estamos en la senda de la recuperación, el crecimiento será débil e irregular".
En cuanto a la inflación para este año, el BCE aventuró una media interanual de entre el 0,8 y el 1,6 por ciento, frente al 0,9 y el 1,7 por ciento del pasado mes de diciembre.
Trichet destacó que la coincidencia estriba en la "cautela y prudencia" con la que el BCE analiza los datos coyunturales en la eurozona y la economía global.
Pese a esa cautela, el BCE hizo unas previsiones más optimistas para el año próximo como consecuencia del incremento de la actividad que se detecta en sectores económicos clave.
Así, el BCE prevé que la media anual del PIB en la eurozona se situará en el 2010 entre el 0,5 y el 2,5 por ciento, frente al 0,2 y el 2,2 por ciento pronosticado en diciembre.
El equipo económico del BCE revisó igualmente al alza sus pronósticos de inflación para 2011 y de la horquilla de entre el 0,8 y el 2 por ciento fijada en diciembre, pasa ahora a una que fluctúa entre el 0,9 y 2,1 por ciento.
Trichet recordó que el objetivo de la política monetaria del BCE es garantizar la estabilidad de los precios a medio plazo, lo que significa una inflación por debajo pero próxima al 2 por ciento.
Destacó que, tras la recesión, la zona euro arrojó dos trimestres consecutivos de crecimiento real del PIB en 2009, lo que achacó al tirón de la recuperación paulatina de las exportaciones y a factores temporales como los estímulo puestos en marcha por los gobiernos.
El presidente del BCE explicó que los efectos positivos de esas medidas y la mejora de la actividad en sectores clave permite estimar que el PIB mantendrá una evolución positiva, "aunque moderada", en 2010 y que la recuperación se "consolidará" en 2011.
Según Trichet, los riesgos se mantienen y se refieren en particular a los precios de las materias primas.
Aventuró que los aumentos de los impuestos indirectos podrían ser mayores de los esperados y también más necesarias y urgentes las políticas de consolidación fiscal.
A ese respecto, Trichet declaró que "los altos niveles de deuda y déficit público suponen un lastre para la política económica y hace mella en los pilares del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, base fundamental de la Unión Monetaria".
"Es extremadamente importante que los programas de estabilidad de cada país del euro defina con claridad estrategias de salida fiscal y de consolidación para el futuro", dijo Trichet, quien señaló que "esto requiere esfuerzos determinados, especialmente de la parte de los países con altos niveles de deuda y déficit", a los que animó a "cumplir con sus compromisos".
Reiteró que la consolidación de las finanzas públicas deberá comenzar como muy tarde en 2011 y que deberán superar de forma sustancial el ajuste anual del 0,5 por ciento del PIB marcado como requisito mínimo en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.
Trichet afirmó que "la clave para todos los países de la zona del euro refuercen el crecimiento sostenido y la creación de empleo es acelerar las reformas estructurales".
"Necesitamos políticas que abran el acceso a los mercados e incrementen la competitividad", sostuvo Trichet, que consideró igualmente "esencial" invertir en innovación a largo plazo y crear nuevas oportunidades de negocio.
El presidente del BCE insistió asimismo en dotar de flexibilidad el mercado de trabajo para "evitar el desempleo estructural" y en la responsabilidad de los bancos, a los que exhortó a sanear sus balances y aumentar sus provisiones de riesgos para "dar solidez al sistema financiero" y "asegurar el acceso a la financiación".