perfil | El catalán desde febrero de 2010 es portavoz del comisario encargado de cuestiones económicas y monetarias
España debe rebajar el déficit casi cuatro puntos en un año, del 8 al 4,4% para cumplir el objetivo comunitario. ¿Es realista?
Un economista le diría que es factible; un político, que el impacto en términos de crecimiento y empleo, demasiado elevado. Y los dos tienen razón. Lo cierto es que parece difícil cumplirlo sin medidas brutales y también que los ajustes aprobados hasta ahora por el Gobierno de Mariano Rajoy representan únicamente una corrección de entre un 1,4 y un 1,5%. Es decir, insuficientes. La clave está en que los recortes que se apliquen sean inteligentes.
¿Barajan una relajación de los criterios de déficit como se ha afirmado en España?
El Gobierno español no lo ha planteado oficialmente en Bruselas y, en caso de que así fuera, supondría una nueva marcha atrás en la confianza en España. Desde la cumbre del pasado diciembre, los mercados han dado una tregua a España e Italia porque se detecta compromiso con los acuerdos alcanzados. Si dos o tres meses más tarde se afirma que no se pueden cumplir sin intentarlo, el problema no es que los estados miembros lo autoricen sino cómo responderán los mercados.
Ha hablado de recortes inteligentes. ¿Cómo valora los anunciados hasta ahora?
Lo que quiero decir es que no es lo mismo recortar en educación, en investigación, en Formación Profesional o gasto social que en Defensa. Que hay que apostar y preservar de los recortes a los sectores sensibles de generar crecimiento en el futuro.
¿No cree que para salir de la crisis son necesarias también medidas de estímulo?
Ya las ha habido. Lo que no se puede es perder el contexto de la crisis. En 2009 se optó por estimular la economía a través de dinero público pero ahora ese margen ya no existe porque el nivel de endeudamiento es muy elevado e igual que una familia cuando un Estado tiene dificultades para pagar sus deudas indica que está a las últimas, pierde credibilidad y deja de depender de él mismo. Pero no sólo no se puede decir que no se han aplicado medidas de estímulo económico sino que en muchos casos estas actúan a modo de parche y no de solución. En el caso de España es una pena que no se hayan aprovechado los cuatro años de superávit para corregir los desequilibrios macroeconómicos que arrastraba como una excesiva dependencia del sector inmobiliario, un nivel de endeudamiento privado muy alto y un paro por encima de la media.
Merkel alerta que el futuro del euro pasa por la cesión de más soberanía. ¿Cuál es el objetivo?
La lección de esta crisis a nivel europeo es que ha habido una falta de coordinación y control de los desequilibrios económicos de los estados miembros. Los primeros diez años del euro han sido un éxito desde el punto de vista de la integración monetaria pero no de las políticas económicas. La consecuencia lógica de todo ello es que hay que aumentar esa capacidad de vigilancia. Pero cuando eso se lleva a la práctica es cuando choca. No somos conscientes de que eso pueda implicar que un anteproyecto de presupuestos se debata antes en Bruselas que en España. Hasta ahora ese análisis se producía a posteriori. El nuevo Programa de Estabilidad pretende que se haga de forma anticipada y preventiva para evitar así tener que corregir y sancionar después.
La cumbre europea del lunes trató la problemática del desempleo en la UE. Parece que se ha dado más importancia a los mercados que a los ciudadanos. ¿No se ha tardado?
Nunca se podrán tomar decisiones a la velocidad que requieren los mercados o la propia realidad pero esa política preventiva de la que le hablaba es algo que nos puede ayudar en el futuro.
Rajoy tiene previsto presentar su reforma laboral la próxima semana. ¿Cómo debería ser para generar empleo?
La crisis no explica el paro que hay en España. En todo caso, ha exacerbado los desequilibrios de su economía como la dependencia del sector inmobiliario, la todavía baja productividad o la apuesta más decidida por la investigación y la innovación. Por ello, además de una reforma laboral, es necesario intensificar los esfuerzos para atraer inversión extranjera, apostar por la excelencia y trabajar hacia un nuevo modelo económico. Y por lo que se refiere estrictamente a la reforma laboral lo que se espera es mayor flexibilidad para las empresas, que debe interpretarse cómo un mayor margen para adecuarse a las circunstancias del mercado y no como precarización.
Lo que sí está en marcha es la reforma del sistema financiero, muy afectado también por la recapitalización impuesta desde Europa. El BCE ya ha inyectado liquidez pero el crédito no fluye. ¿Cuándo cree que esto sucederá?
En primer lugar, quiero insistir en que las exigencias impuestas al sistema financiero europeo son las más altas del mundo y que no tengo ninguna duda que el sector saldrá reforzado de esta crisis. Hemos crados tres nuevas agencias reguladoras del sistema financiero y hemos elevado las exigencias de capitalización. Pero también es cierto que en algunos países como España todavía no conocemos exactamente porque no hay transparencia sobre la exposición al sector inmobiliario y eso hay que solucionarlo.
De momento lo que sí se ha aprobado es una mayor transparencia en los sueldos de los directivos bancarios de entidades intervenidas. ¿Cómo lo valora?
Como algo necesario. El sistema financiero no puede ser ajeno al ajuste en todos los ámbitos y más si se han recibido ayudas públicas. Debería haber existido un mínimo comportamiento ético.
Se ha hablado mucho de que evolucionábamos hacia una Europa con velocidades más marcadas, con bloques más diferenciados.
Las velocidades siempre han existido, si bien es cierto que con la crisis las divergencias y los desequilibrios se han acentúado. Hay una serie de países con un mayor margen de maniobra para afrontar la crisis como Suecia, Holanda o Alemania porque son los que han hecho antes las reformas estructurales y otros con menos porque no las han aplicado. Pero con la actual interconexión entre países, cuando hay crisis en algún país de la UE esto acaba afectando a todos.