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Cambia lo que va bien

Franc Ponti, director del Centro de Innovación de la escuela de negocios Eada, estuvo ayer en la Cambra de Comerç de Tarragona para hablar de innovación

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RAFAEL SERVENT | 22/02/2012 19:49

Sospecha Franc Ponti, director del Centro de Innovación de la escuela de negocios Eada, que, «si hoy llego aquí y hago esta conferencia boca abajo, quizás sería algo novedoso, pero no creo que fuese innovador: no sé qué valor aportaría eso. Al principio quizás haría gracia, pero estoy seguro de que luego me pedirían que me sentase bien».
Lo contó ayer en la Cambra de Comerç de Tarragona, en el marco de las jornadas ‘Bon dia Tarragona’, donde Ponti pronunció una charla que llevaba como título ‘Si funciona, canvia-ho’, y en la que animó a los asistentes a innovar, pero no a cualquier precio ni de cualquier forma.
Innovación no es novedad
«Hay gente –abundó Ponti en su ejemplo del conferenciante contorsionista– que confunde la innovación con la novedad. La creatividad a solas no es innovación, porque innovar es hacer las cosas mejor de lo que las hacíamos antes, es la suma de las ideas más el valor que aportan». Generar valor está en la base de todo el proceso, que no siempre debe arrancar de una situación apurada. De ahí el título provocador de su charla, que alienta a emprender el cambio cuando las cosas van viento en popa.
«Es muy normal que los empresarios protejan aquello que les funciona –arranca Ponti–, pero esa creencia es bastante contraria al concepto de innovación. El peligro –prosigue– es que, cada vez más, las cosas de siempre tienen tendencia a funcionar menos. La innovación está muy vinculada al concepto de provocación, entendiendo ‘provocar’ como desafiar un convencionalismo».
Pero, para que esto sea posible, necesitamos dedicarle tiempo. Porque la innovación no sale por generación espontánea. «Necesitamos también tiempo para explorar, y el reto está en cómo compaginar el día a día con la exploración. Hoy en día, una empresa necesita una reflexión constante para hacer que se mueva más rápidamente que su entorno. Se trata de moverse un poco más rápido, y no mucho más rápido, porque en ese caso nos convertiríamos en unos visionarios».
El miedo al error
Cuenta Ponti que tenemos un problema con un montón de «empresas demasiado jerarquizadas, donde parece que los que piensan sólo pueden ser los de arriba, y una empresa que no aprenda a combinar la explotación del día a día con la exploración, puede ser que termine por agotar su explotación».
Pero, «en este país –lamenta Franc Ponti–, la gente no quiere equivocarse, porque equivocarse está mal visto. Yo creo que nos falta más ‘rauxa’. Para innovar, hay que ser ‘arrauxats’. Perder la sensación de ridículo, poner medios para que la gente se pueda equivocar...»
La felicidad
«Se confía poco en la creatividad de la gente –prosigue Ponti–, y hemos de creer más en ella, porque si no, al final restringimos la innovación a los órganos de poder o las órganos delegados de ese poder».
«El elemento final es la pasión», resume Franc Ponti. «Veo demasiada seriedad en las empresas, demasiado pensamiento cuadriculado. Y es muy importante que la gente sea feliz en las empresas porque, de lo contrario, eso irá en contra nuestra».





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