La tiradora de Ascó debuta en los Juegos con el objetivo de meterse en la final de pistola de aire y pistola deportiva
Lleva casi año y medio pensando exclusivamente en los Juegos Olímpicos. El 18 de marzo de 2007, en Deauville (Francia), conseguía una plaza directa en la modalidad de pistola de aire comprimido después de ser tercera en el Campeonato de Europa. Desde entonces Sònia Franquet se ha dedicado a perfeccionar su técnica, a mejorar su concentración y a soñar con la final olímpica en su especialidad predilecta y en pistola deportiva, en la que también competirá en Pekín.
Franquet (Ascó, 28 años), debutante en la gran cita olímpica, aporta la juventud y frescura a la selección, todo lo contrario que su compañera en la selección, Pilar Fernández (Madrid, 46), una auténtica experta en los Juegos y que vivirá nada menos que su quinta participación consecutiva desde Barcelona’92.
La verdad, sin embargo, es que se trata de una práctica deportiva en la que la edad no es clave y se han dado ejemplos de campeones muy jóvenes y veteranos. En Barcelona’92 Konstantin Lukashyk, que representaba a los Estados Independientes de la Commonwealth, se llevó el oro en 50 metros pistola con tan sólo 17 años, mientras que el sueco Ragnar Skanaker, que fue oro en Munich’72, conquistó dos medallas de plata en Los Ángeles’84 y Seúl’88 cuando contaba en estos últimos Juegos, los coreanos, con 58 años.
La clave del tiro olímpico reside en la concentración. «Marca mucho el humor con el que te despiertas el día de la competición y sobre todo el arranque que tengas durante la prueba, por la confianza que te puede llegar a dar. De ahí que trabajemos en ese sentido continuamente con el psicólogo esa faceta durante las concentraciones con la selección española», explica la propia Franquet.
No es para menos. La competición requiere, efectivamente, de alta dosis de concentración. En pistola de aire comprimido, su modalidad preferida, dispone de 75 minutos para lanzar 40 disparos al objetivo, situado a 10 metros; mientras, en pistola deportiva efectúa dos pruebas en una: la de precisión, en la que dispone de cinco minutos para realizar treinta disparos (cinco en cada una de las seis series); y la de duelo, que consta de otros 30 disparos (también en series de cinco) aunque en este caso a una diana que durante siete segundos permanece oculta y sólo en tres resulta visible.
Franquet, que lleva cuatro años viviendo en Madrid y entrenando en el Centro de Alto Rendimiento de tiro ubicado en la capital, cree que los Juegos Olímpicos no tienen un favorito claro. «Seremos unas cincuenta participantes –habitualmente acuden a las Copas del Mundo unas ochenta- pero hay una quincena, entre las que nos encontramos tanto Pilar como yo, que últimamente estamos muy igualadas».
Sònia habla con conocimiento de causa después de que en el reciente preolímpico disputado en las propias instalaciones donde ahora se celebrarán los Juegos esas tiradoras mantuvieran un duelo del todo equilibrado. En su caso acabó duodécima, aunque en la Copa del Mundo de Brasil de este mismo año fue segunda.
La medalla tampoco es inalcanzable, según ella. «Puede pasar cualquier cosa en Pekín. El objetivo es meterse en la final y a partir de ahí esperar acontecimientos. Por supuesto que obtener una medalla no es nada descabellado, y la verdad es que sería fantástico, pero debemos ir paso a paso y, de entrada, no lanzar las campanas al vuelo».