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El parque temático del motor

Los pilotos son los protagonistas en un Service Park que es todo un espectáculo. Centenares de fans se agolpan en los boxes 

Contactar con el autor Raúl Cosano - 04/10/2008 12:23
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El parque de asistencia se levanta muy temprano aunque su actividad a las seis y media de la mañana, antes de la salida del primer coche, no tiene nada que ver con el bullicioso circo que se torna durante el resto del día. Los boxes son el epicentro y los pilotos, que acuden a ellos por primera vez sobre las 13 horas –cubierta la mitad de la jornada– son los auténticos protagonistas, responsables de juntar a centenares de personas ávidas de un saludo del gran ídolo.
Loeb es escueto pero Sordo se prodiga un poco más. Sabe que es la estrella y que está en casa. Él se lleva la mayoría de ovaciones cuando se baja del coche, va a comer y deja a ocho o diez pilotos metiéndole mano a su Citroën C4. Es difícil conseguir un autógrafo de los ídolos sobre ruedas. Apenas tienen el tiempo justo de reponerse del esfuerzo y, sobre todo, cambiar breves impresiones con los ‘habitantes’ de ese box. Esos mecánicos, que viven en el recinto, emprenden su trabajo de forma frenética. La cuenta atrás del reloj digital es severa: en media hora, el coche debe estar a punto –Loeb apura su café mientras conduce ya en dirección a la salida del parque de asistencia–.
Los niños son los más interesados en ver de cerca a su ídolo. «Vamos a ver los Subaru», dice un padre. Y toca caminar hacia el otro lado de la carretera para ver los coches de la escudería azul. Bandas de música, simuladores de la experiencia en un World Rally Car, merchandising variado… todo ello convive con la mecánica y la última tecnología de las escuderías y el inglés como idioma oficial en esta pequeña ciudad del rally, con rincones para el ‘glamour’ y para el paseo de mitos como Luis Moya, el ex copiloto de Carlos Sainz.
No faltan los puestos descaradamente publicitarios, las atracciones, los ‘sets’ de comida, en definitiva, el rally hecho fiesta. Poco tiene que ver ese escaparate lujoso con la ruidosa contienda en el asfalto. Sin embargo, es aquí donde la carrera empieza a decidirse. 





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