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El Reus vuelve a ganar la Copa de Europa 37 años después

Nadie puede discutirle este campeonato de Europa al Reus. El séptimo de toda su historia. Primero porque los hechos hablan por sí mismos. En cuartos dejó fuera al campeón, FC Barcelona, en ‘semis’ hizo lo propio con el anfitrión, el Bassano, y en la gran final de este domingo superó al equipo más en forma del continente, el Vic. Charla con Jordi Garcia. Envía tus preguntas a digital@diaridetarragona.com y el capitán las contestará el miércoles a las 13.00 horas. 

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Marc Libiano | 03/05/2009 20:13
Jordi Garcia, capitán del Alnimar Reus, levantando ayer el trofeo de la Liga Europea. Foto: FEP

Nadie puede discutirle este campeonato de Europa al Reus. El séptimo de toda su historia. Primero porque los hechos hablan por sí mismos. En cuartos dejó fuera al campeón, FC Barcelona, en ‘semis’ hizo lo propio con el anfitrión, el Bassano, y en la gran final de ayer superó al equipo más en forma del continente, el Vic. Ningún pero. Incluso, la forma con la que ganó le otorga un crédito enorme al equipo de Carlos Figueroa. Ganó por la vía del buen gusto, apostó por el hockey atractivo y le salió bien. El Reus no sabe especular, no entiende de cerrojazos. Los tres partidos de esta final a ocho lo demuestran. De ahí la admiración de todos, nadie se atreve en poner en tela de juicio esta séptima Copa de Europa.

Parece increíble, porque el equipo viene de una temporada con sombras, con dudas respecto al futuro de algunos jugadores. El éxito, entonces, también refleja su profesionalidad, su compromiso con el club por encima de nombres y personas. Y sobre todo por respeto a una afición que en la mayoría de los casos se lo ha dado todo.

Como decíamos, el último escalón de ayer era el más alto, el más difícil. El éxito del Vic es indiscutible. Su proyecto ha alcanzado la plenitud este curso, con títulos (la Copa del Rey) y etiquetas de equipo grande. Con varios años de rodaje, la plantilla de Pujalte ha madurado hasta el punto de sentirse superior a casi todos los rivales que se pasean por el continente. Su juego, pero, no enamora a nadie. Es una filosofía que busca única y exclusivamente el resultado. También vale, aunque en muchos casos, resulte complicado ver partidos del Vic. Cuestión de gustos.


Nervios iniciales

Los lógicos nervios del inicio no permitieron que los dos equipos arriesgaran más de la cuenta. Lógico teniendo en cuenta lo que había en juego. Mucho tanteo y poco hockey, en parte tradicional en este tipo de finales. El Reus estaba obligado a coger la responsabilidad del partido. El Vic nunca la quiso. Eso no está previsto en su guión ni contra el Reus ni contra nadie. Apenas ocurrió nada en los primeros diez minutos. Solamente una contra de Xavi Caldú que se perdió entre las guardas de Fernández.

En cambio, los osonenses se encontraron la ventaja en un rebote que Borja empujó a la red en el 12’. Sin duda, fue la peor noticia. Los de Pujalte se sienten comodísimos con ventaja. Entre otras cosas porque corren como nadie al contragolpe. El primer tiempo murió en los intentos del Reus, que no inquietó demasiado a Sergi Fernández. Sus compañeros le facilitaron la tarea con un sistema defensivo militar, sin conceder nada. Ni un solo despiste. Ésa es la principal virtud del Vic.

Había que tomar riesgos en la reanudación. No quedaba otra y el Reus lo sabía. Aumentó su tensión defensiva y presionó más arriba. En los primeros instantes recuperó la bola con facilidad, aunque al equipo le faltaba algo más de precisión en ataque. El Negro desaprovechó una pena máxima en el minuto 28 y el Vic tan feliz.

Sin apenas atacar, parando el juego cada dos por tres, pero feliz, estaba ganando la final. Pedro Gil estuvo a un paso de gol tras un buen cuatro contra tres del Reus, pero Fernández respondió bien, con mucha sobriedad. El Reus necesitaba que el partido se abriera, si concedía algún contraataque mala suerte.  


Adroher superó a Trabal

Ocurrió lo peor, el hockey fue cruel con los rojinegros en el 39’. Otra jugada repleta de confusión la definió Adroher con un disparo por toda la escuadra que superó a Trabal. Por suerte, en la jugada posterior, Garcia sorprendió a Fernández con un disparo a media distancia que mantenía vivo a su equipo.

Parecía que los rojinegros llegaban a la recta final más entero físicamente. El Vic sufre mucho desgaste porque corre mucho detrás de la bola, aunque convive con ello, está habituado. Guali pudo igualar y cambiar el signo de la final con una falta directa, pero no batió al meta osonense.

En cambio, el Vic sí encontró a un buen aliado para aguantar la bola algo más en situaciones ofensivas. Apareció Adroher, que además mandó dos tiros al larguero en cuestión de un minuto. Aún así, el Reus lo siguió intentando, jamás se rindió y el premio llegó, en el último suspiro, cuando en la capital del Osona ya se celebraba el título. Gual empató a falta de 50 segundos. Otra prórroga, podía valer la pena sufrir.

En la prórroga, el Reus lo intentó todo para evitar los penaltis. Apenas sufrió en defensa y creó juego en ataque. Platero, en la segunda parte, del tiempo añadido, remató dos veces consecutivas solo ante Fernández. La primera se la sacó Fernández y la segunda se marchó por encima del travesaño. Penaltis. Otra vez la lotería. Tocó cara. Gual y Pedrito marcaron., el destino se la tenía guardada. Lo mereció con creces.





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