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Un desastre

El Nàstic cae ante el Albacete tras conceder tres goles imperdonables y volver a mostrar una preocupante falta de ideas que sólo Morán palió durante un rato esperanzador. El ex grana Antonio López, con dos goles, ejerció de verdugo 

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Francisco Montoya y Joan Mellado | 07/11/2009 21:39

El Nàstic sufrió ayer una dolorosa y merecida derrota, otra vez en casa, ante un Albacete que siempre tuvo más claro que los granas cómo había que jugar el partido. Tenían los tarraconenses ante sí una primera y buena oportunidad de engancharse a la zona alta, pero la desaprovecharon con una actuación impetuosa pero poco reflexiva, plagada de errores imperdonables atrás (ninguno de los tres goles es de recibo en un equipo profesional) y de la misma sequedad de ideas de siempre en ataque.
Sólo cuando Morán asumió el mando, ya con 0-2, encontraron los granas vías hacia la remontada, pero lo hicieron demasiado tarde y durante muy poco tiempo, hasta el punto de que sólo les alcanzó para marcar un gol y alguna que otra amenaza. Y en esas volvió a aparecer Antonio López (que en dos acciones puntuales de ayer ya hizo más que en sus dos años como jugador del Nàstic) para poner  la puntilla con el 1-3. Él mismo ya había abierto la cuenta con un 0-1 de córner directo afortunado para los manchegos, pues el viento contribuyó en buena medida a esa parábola, pero imperdonable para zaga y portero.

Decir que el viento marcó el partido de ayer no es buscar excusas, sino describir el motivo por el que ni unos ni otros lograron jugar a fútbol. Fue un choque de vaivén, de pelotazos imprecisos y mucha batalla. Como correspondía, fue el Nàstic quien asumió la iniciativa, entendiendo desde bien pronto que sólo el balón largo le iba a servir para llegar arriba. Y no sólo por el viento. El motivo principal es que los granas no tienen más en su zona de creación. Así que a eso, a pelotazos a la cabeza de José Mari o buscando a Walter en largo, jugó el equipo de César Ferrando sin demasiada convicción.

Con ese patrón, y por floja que sea la defensa del Albacete, podía esperarse muy poco del primer tiempo. Y así sucedió: los manchegos pudieron marcar en una salida aislada que, tras rebotes y malos rechaces, dio con Antonio López ante Rubén en el 11’, pero el meta detuvo; y también los granas tuvieron la suya, cuando un disparo desde la frontal de Medina le cayó a Bauzá tras la intervención de Notario, pero al alicantino se le hizo de noche y antes de chutar ya tenía a dos defensas encima.

Iba camino la cosa de 0-0 hasta que el Albacete inauguró el marcador en el 30’ con esa inexplicable acción de córner. Todos los rematadores en el primer palo molestando, y centro al segundo. Si Antonio buscó el lanzamiento directo o no sólo lo sabrá él. Pero entró, sin que nadie despejase. Ni Rubén.

Stuani se luce

Ferrando se lo jugó todo en la segunda mitad, retirando a Bauzá y dando entrada a Rubén Navarro, retrasando a Morán al medio centro (donde, por cierto, estuvo espléndido). Pero antes de que los granas pudieran adaptarse a su nueva situación de viento a favor, Stuani marcó el 0-2 en otro error imperdonable.

Su remate fue extraordinario, es cierto. Armó la pierna en medio segundo y el efecto que describió la pelota para superar a Mingo y a Rubén Pérez fue sensacional. Pero no debieron dejarle rematar. Ni siquiera debieron dejarle recibir. No puede convertirse en gol un contraataque lento en el que el rival sólo saca de la cueva a dos futbolistas. Faltó contundencia, tal vez. O quizás darle a la jugada la importancia que en realidad tenía.
Con media hora por delante y la grada encendida, los granas emprendieron la heroica combinando ahora sí los mismos balones largos (el debutante Biel Medina, que sustituyó por lesión a Mairata, no paró de intentarlo) con las intervenciones de Morán, que supo leer en todo momento qué acción le convenía más a su equipo.

El Nàstic diversificó entonces sus llegadas y comenzaron a vérsele al Albacete esas vergüenzas defensivas de las que tanto se había hablado pero que hasta el 60’ habían sido sólo presuntas. Era más la sensación que las ocasiones en sí, pero el gol se mascaba. Tras un par de avisos, lo confirmó Morán con un buen tanto en el 68’. Inició José Mari, corrió la diagonal y se apoyó en Roberto, que de un toque dejó el balón en la frontal para el disparo del citado Morán.

Atacar a lo loco

Con el 1-2, tanto el equipo como la afición volvieron a creer. Los granas sacaron la casta, pelearon cada balón, convirtieron cada ataque en un surtido de desmarques y posibilidades, y murieron en cada balón alto para ganar el salto. Dándolo todo, aunque algo alocados. Tuvo el empate José Mari en una jugada similar a la de hace una semana en Huelva. Un rechace le quedó para el cabezazo a un metro de la línea de gol, pero Notario llegó a tiempo para desviar, en el 78’.

Y entonces, el mazazo. Imperdonable e infantil de nuevo el error. Y colectivo. Los granas, volcados, jugaban con la defensa en medio campo. Defensa que ni se dignó a girarse cuando le metieron a Antonio López un balón profundo. Todos creyeron que era fuera de juego. O quisieron creerlo para ahorrarse la carrera. El caso es que el ex del Nàstic encaró a Rubén y le batió con una sobriedad insultante.

Así que de nuevo a la zona media, de nuevo malestar, de nuevo silbidos (al final del partido más bien pocos, porque con el 1-3 casi toda la afición dejó solo al equipo), de nuevo debate sobre el centro del campo, de nuevo obligados a ganar fuera de casa (en Cartagena, nada menos)... Y, lo que es peor porque parecía solucionado, de nuevo a analizar dónde quedó la solidez defensiva. Qué pereza. 





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