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Una cuestión de ‘feeling’

Más allá de la mala racha en casa, de la irregularidad o las oportunidades perdidas, la principal condena de César Ferrando esta temporada ha sido la antipatía de la grada 

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Francisco Montoya | 07/03/2010 20:41

César Ferrando ya es historia en el Nàstic. El técnico de Tavernes fue destituido el sábado a causa de múltiples factores. Se habla de la dinámica de resultados actual, de la trayectoria en casa, de la falta de ambición, de las oportunidades perdidas cada vez que se podía asaltar la zona alta... Pero si algo condenó a Ferrando de antemano este año fue su falta de comunión con la grada.

Una cuestión de feeling que con el cambio de Consejo se hizo aún más evidente: ya no sólo con la grada. A partir de entonces, también con el palco. El propio entrenador reconocía en su carta de despedida que los últimos meses «no han sido los mejores» de su relación con los aficionados. No le falta razón. Aunque la cosa viene de lejos y es fruto de un deterioro progresivo de su vínculo con la grada.

Cuando llegó en enero de 2008 en sustitución de Javi López con el único fin de salvar al equipo, fue bien recibido. Más aún cuando se vio que, muy poco a poco y comenzando sólo por el juego y siguiendo, meses después, por los resultados, el equipo iba mejorando. Fue en aquella Liga 07-08 cuando Ferrando consiguió su gran éxito en el Nàstic, por el que a buen seguro, y a pesar de lo que vino después, se le recordará en Tarragona y por el que el club y su historia le están agradecidos. No era fácil. El riesgo de la Segunda B era real. Y él lo evitó.

Pero las cosas comenzaron a torcerse la pasada campaña, su primer proyecto propio, en el que la irregularidad fue constante y las oportunidades de alcanzar la zona alta -con una plantilla que, sobre todo a partir de enero, era muy capaz de ello- se fueron desperdiciando una tras otra. Los malos resultados, los errores defensivos y un final de campaña sin alicientes y aburrido hicieron que la afición perdiese la fe en él. Algo a lo que no fue ajeno, claro está, que el valenciano fuese una apuesta casi personal del anterior presidente, Xavier Salvadó, cuya popularidad estaba -estuvo siempre- bajo mínimos.

De mal en peor

De modo que su renovación ya fue abucheada el pasado verano. Existía la sensación -obvia, por cierto- de que a poco que se torcieran las cosas el ambiente iba a ser irrespirable. Y la dinámica paranormal del conjunto grana este año lo puso en bandeja: un bloque espectacular a domicilio -el mejor visitante de la categoría- pero nefasto en casa.

Si el principal problema, si el déficit que presentaba la elección de Ferrando para esta campaña, era precisamente la antipatía de la grada, perder en casa semana sí y semana también acabó colmando el vaso de las pañoladas y los silbidos. Sólo la buena racha lejos de Tarragona mantenía la calma en la tabla y ahuyentaba la tentación de un cese.

Así que ahora que también fuera de casa el equipo llevaba dos desplazamientos sin ganar (Real Sociedad y Numancia), llegaron los argumentos. Pero, por aquello del feeling, la decisión -o el deseo de tomarla- existía desde hacía semanas. Tarde o temprano debía llegar.





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