El Nàstic, por quinto año consecutivo, cae eliminado de la Copa a las primeras de cambio. Los granas pagaron una horrible primera mitad ante el Xerez y, cuando despertaron en la segunda, les faltó acierto para culminar la remontada
El Nàstic ha vuelto a quedar apeado a las primeras de cambio de la Copa del Rey, y ya van cinco campañas consecutivas. Como ya hicieron Valladolid, Alavés y Girona (dos veces), el Xerez superó anoche a los granas en su debut copero.
La eliminatoria se dirimió en un encuentro de claros contrastes entre un primer tiempo gris en ataque y nefasto en defensa (que acabó 0-2), y una reanudación frenética, en la que los cambios dieron aire a los tarraconenses pero en la que faltaron acierto y también algo de claridad para culminar la remontada. Al final, el 1-2 se antoja justo y, sobre todo, deja retratados para bien y para mal a varios futbolistas de cara a la alineación tipo de la Liga, al parecer (vista la historia reciente) el único torneo que interesa a la entidad.
El inicio grana fue esperanzador, seguramente el que había previsto su técnico y el que buscaba con esa alineación «creativa» con Abraham y Miki Martínez por delante de Rodri. Pero ese pasaje de buenas intenciones duró apenas diez minutos. Tiempo en el que el Nàstic asumió la iniciativa, manejó el balón con fluidez de lado a lado, y llegó con cierta sensación de peligro, aunque todo se resumió finalmente a un disparo desviado de Miki desde la frontal.
Un rival incómodo
Pero demasiado pronto descubrió el Xerez la receta para contrarrestarlo. Comenzó a presionar más arriba, a incomodar a los cerebros tarraconenses, y decidió discutirle la posesión del balón, que pasó entonces a estar más dividida, deparando un escenario más aburrido, de poca continuidad y llegadas al área demasiado esporádicas.
Una tesitura de batalla constante en medio campo en la que a nadie se le veía cómodo ni superior, pero en la que si alguien parecía tener un camino más cómodo hacia el éxito, era el equipo visitante. El Nàstic, más presionado, insistió aun así en querer tocar desde atrás, con el riesgo que ello supone. Pérdidas y más perdidas propiciaron las salidas rápidas de Antoñito y Óscar Díez, a quienes Bermejo esperaba arriba con la caña preparada. Moragón y David Medina tuvieron que apagar varios fuegos por esa razón antes de la media hora de partido.
Acabaron optando los granas por arriesgar menos, y si bien su primera opción seguía siendo elaborar desde atrás, pasaron a combinarlo hacia la media hora con algún que otro balón largo, casi siempre inútiles e inalcanzables. Sólo alguno al que llegó Álex Cruz (más explosivo y preciso que la temporada pasada) consiguió inquietar a los visitantes, pero de forma insuficiente.
Ahí estaba la diferencia: en que las pocas llegadas del Nàstic morían entre indecisiones, pases algo desviados y anticipaciones de la defensa mientras las del Xerez de Javi López, en cambio, contenían un creciente peligro que ya acabó en gol anulado por fuera de juego dudoso de Capdevila en el 11’. Después llegarían una falta del propio Capdevila que rozó la escuadra, un disparo desviado de Mario Bermejo en el 31’, y los goles.
Dos y consecutivos, los tantos de Antoñito y Lombán (36’ y 39’) ratificaron la sensación de inseguridad defensiva que se mascaba hacía minutos. En el primero, Rodri resbaló en una disputa y dejó vía libre en la derecha a Óscar Díaz, quien entró hasta la cocina ayudado también porque Raúl Fuster, que le perseguía, ni siquiera llegó a acercársele. Llegó al fondo, puso el pase de la muerte, y Antoñito marcó.
Muy poco después, una falta lateral botada por Barber la cabeceaba el central David Lombán a gol. Un centro muy cerrado en el que nadie saltó a despejar y Moragón no se decidió a salir. Alfombra roja para el tanto que, a esa hora, tenía ya un claro olor a sentencia.
Sin embargo, el Nàstic se empeñó en discutirlo durante la segunda parte. Una reanudación a la que los granas saltaron con las novedades de Gerardo y Powel, a quienes poco después se sumaría un excelente Fernando Morán. El asturiano y el madrileño le dieron otro aire al equipo y comenzaron a asociarse con Miki y Abraham. El dibujo ultraofensivo de Luis César sorprendió al Xerez, que reculó y esperó acontecimientos soñando con alguna contra para el 0-3. Lo llegó a tener en sus botas Óscar Díaz, que remató alto un pase de Antoñito (tras grave error de Fuster) cuando estaba solo ante Moragón.
Penalti dudoso
Además de su mejoría, el Nàstic tuvo un punto de suerte en el 60’, cuando un genial pase de Abraham dejó solo a Morán, quien estuvo lento y acabó en el suelo cuando le abordó la defensa. No pareció penalti, pero Sureda Cuenca lo señaló y Gerardo acortó distancias. Algo que acabó de arrancar la maquinaria granate.
El rato siguiente fue lo mejor del Nàstic anoche. Todos los creadores parecieron inspirados durante algunos minutos, intercambiando posiciones, pasándose el balón con velocidad y encontrando espacios que el Xerez no sabía tapar. Pareció que los granas empatarían, y llegaron a rozarlo y quizás a merecerlo.
Una falta de Miki Martínez salió lamiendo el poste en el 75’, y Morán tuvo la más clara en el 80’. Álex Cruz, sublime, se marchó de varios rivales y le dejó solo con un pase interior. El media punta cruzó ante Lledó, pero el balón se estrelló contra la parte interior del poste cuando el estadio ya cantaba el empate.
El desgaste de una segunda mitad frenética acabó con el equipo en ese momento. Fundidos, los tarraconenses siguieron intentándolo, pero las imprecisiones pasaron a ser la nota dominante y apenas llegaron a acercarse con peligro. De hecho, fue el Xerez quien más cerca estuvo del 1-3 en un choque que deja la sensación de que la reacción llegó tarde. Visto lo visto en la segunda mitad, el Nàstic bien podría estar en dieciseisavos. Pero, por quinto año seguido, no será así.