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El Tecnol Reus, campeón de la Liga de hockey 38 años después

Los rojinegros han ganado al Tenerife (4-1) y se han beneficiado de la derrota del Liceo en la pista del Barça (7-4)

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MARC LIBIANO PIJOAN | 25/05/2011 19:32

Sí,son héroes. Sin discusión. 10 meses de competición, 10 de meses de máximo esfuerzo lo confirman. El Reus se proclamó campeón de Liga 38 años después en un acto de heroicidad sin precentes. La ganó con una plantilla corta de efectivos, pero cargada de ilusión, de fe. La lección que ha dado merece todo tipo de reconocimientos. Sin reparo. En el Ayuntamiento deberían ir pensando en un monumento para este equipo.

El Barça colaboró ayer. Era su deber. Le ganó el Liceo, como es lógico, y el Reus no falló. En casa, con su gente, como mandan los cánones. Celebración por todo lo alto y victoria siguiendo el modelo. Un modelo atractivo. El Reus jamás ha racaneado con su estilo. Ha practicado un hockey de ataque y eso le da mucho más valor a la gesta. La gente debería disfrutar al máximo este título. Las ligas no se ganan cada día. Han pasado 38 años. Ha tenido que llover mucho, pero ha valido la pena la espera. Simplemente, el Reus ha demostrado que, en esta vida, si crees en algo, no hay límites.

Controlar la ansiedad

Templar los nervios y mantener la cabeza fría era el objetivo en el arranque. El Reus necesitaba convivir con esa presión, no perder la cabeza. Fue ambicioso el equipo, fiel a sus principios. Había que morir con ellos. Intentó robar y correr. Lo que le ha dado el éxito. Caldú se mostró inicisivo. Rozó el gol, pero se encontró a Nicoletti. El arquero se mantuvo firme. La consigna tinerfeña era clara. Jugar muchos ataques posicionales al borde de la pasividad. El objetivo: parar la salida en tromba de los rojinegros. Pareció que lo conseguía el Tenerife. Sin crear demasiado peligro, pero tampoco sin pasar demasiados agobios. Al Reus le hacía falta el gol que rompiera definitivamente la noche. No lo consiguió en el primer tiempo. En parte, porque su rival tuvo una actitud defensiva poderosa. Además, su portero solucionó todos los problemas de urgencia. Sobre todo, con Marín. Buscó el gol de todas las formas posibles. No tuvo suerte. Y eso que el equipo apretó el acelerador en los cinco minutos finales del primer acto. Allí mereció el premio, pero no definió. Tocaba sufrir. Esperaba el desenlace.

Suben las pulsaciones

La noche empezó a afectar a los corazones en la reanudación. Mientras el Barça no paraba de marcar goles en el Blaugrana, al  Reus le faltaba completar la fiesta. No tardó en llegar, porque el equipo fue un vendaval. Decidido. Sin límites. Solamente Nicoletti mantenía viva la llama de la esperanza tinerfeña. Molet erró una pena máxima que provocó Caldú. Tuvo dos opciones y no acertó. Acto seguido, en el 30’, sí culminó un excelente pase al segundo palo. Se abría el partido. La mejor noticia. Incluso, Marín tuvo la opción de casi sentenciarlo con un tiro directo en la décima falta del Tenerife. Tampoco anotó. La poca puntería rojinegra mantenía la incertidumbre del resultado, pero el juego ya había decantado la balanza hacia un costado de forma clara.

Ni el empate del ampostino Xavi Costa hizo dudar. Fue un accidente. El delantero pinchó una bola dentro del área para igualar. Quedaba un mundo y la gran virtud del Reus se rigió en no perder la compostura jamás. No pesó la ansiedad ni los nervios. Ayudaban los goles del Barça a kilómetros de distancia. El destino había decidido que el campeonato no se escaparía.

Gual entró en escena para corroborarlo. Apareció en el momento justo con un gol de malabarista. Salió por detrás de la portería, la levantó y la picó. Gol de artista. El de genio se lo quedó Marín. No quería faltar a su cita con el gol. Fue el número 40 en Liga. Quizás, el más bonito del campeonato. El reusense salió como un avión al contragolpe, sorteó rivales y defenió como los grandes levantaron. Pelota a media altura y remate en pleno vuelo. Ahí se desató la euforia. El título ya era rojinegro.

Molet y delirio

Culminó el resultado Jordi Molet. Por bajo. Definió con una tranquilidad imponente. La que da el saberte campeón, el tocar el cielo con las manos. Ésa era la sensación en los instantes finales. El Barça-Liceo terminó antes y la afición que llenó el Palau d’Esports no empezó a celebrar el título hasta que ese partido finalizó. Entonces, el sueño ya era real. Se hizo justicia y el Reus campeonó.





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