Google    diaridetarragona.com

El delirio invade el Palau

La afición lo vivió tensa y agarrada a la radio hasta que lo vio sentenciado. Entonces se dejó llevar. Los jugadores se unieron a la locura al acabar. Lágrimas, cava y 38 años de sueños acumulados

Compartir   Compartir en Facebook  Compartir en Twitter  delicious  digg  technorati  yahoo  meneame
FRANCISCO MONTOYA | 27/05/2011 10:51

Tenía que ser anoche. El temor a que el Barça no diera la talla se disipó enseguida y entonces se supo que había llegado el momento. 38 años de sequía estaban llamados a terminar. E iban a hacerlo en casa, al calor de una afición que ha estado esperando estos años disfrutando de momentos mejores y peores, de un último ciclo asombroso pero también de decepciones recientes, como la final de la Champions perdida el sábado, sin ir más lejos. 38 años sin la Liga, ese trofeo que corona a un equipo como el mejor. Sin dudas. Sin paliativos. Sin inspiraciones puntuales que desvirtúen el significado del cetro. La Liga no. La Liga la gana el mejor, el que raya a más altura durante 26 jornadas.

Quizás por eso entraña un orgullo especial. El que se adivinaba sin duda en ese brillo que tantos ojos llorosos enseñaron ayer en el Palau d’Esports del Reus Deportiu. Tanto en la grada como abajo, en la pista. Y también en el palco, donde el presidente Sabater, el último que como capitán había levantado el trofeo, contemplaba emocionado la escena. Reus era una fiesta. El Reus vuelve a reinar en la competición que sólo ganan los grandes.

De la radio a la fiesta

Que fuese día laborable no ayudó a calentar los prolegómenos. La afición se vio obligada a apurar hasta el último momento, pero en cuanto llegó a su posición, con el partido prácticamente empezado, se metió enseguida en el papel. El calibre del premio que esperaba al otro lado de los 50 minutos era demasiado como para permitirse tiempo de adaptación. Más aún cuando, a los 4 minutos y cuando Reus y Tenerife prácticamente aún se saludaban, el Barça se adelantaba ante el Liceo. Lo había pedido por carta pública la plantilla, pero fue imposible: cada gol del Barça fue coreado anoche sin tapujos.

Y eso que en la primera mitad y parte de la segunda, al equipo de Alejandro Domínguez se le vio atascado, agobiado, ansioso por cerrar su parte del trato y ponerse a esperar. Esa presión retrasó seguramente la llegada del gol y la sentencia hasta el segundo tiempo. Pero ni así, en evidente necesidad, consiguió el equipo que se cumpliera su petición. De los goles del Barça se enteraron hasta los bebés, que los había.

Guión al revés

La afición, quizás como el equipo, se había dibujado una noche muy definida: sentenciar rápido ante el Tenerife y esperar. Pero salió la cosa al revés. El equipo azulgrana pronto demostró que iba a por el triunfo y eso tranquilizó inicialmente a una grada animada y entregada en el primer acto. Pero los nervios afloraron conforme el paso de los minutos enseñó un 0-0 insistente que parecía no tener fin. Valía, si realmente el Liceo iba a perder –y todo apuntaba a ello–, pero era demasiado peligroso. Un despiste costaba el título. De ahí el silencio de gran parte de la grada durante muchos minutos expectantes, cuando el Barça ganaba sólo 2-1 y el Reus no acertaba a adelantarse. Un buen rato en el que sólo unos pocos, sonoros eso sí, se dejaron oír.

El primer amago de delirio llegó en el segundo tiempo, cuando el Barça en avalancha sentenció su partido y el Reus, con sufrimiento, lo hizo con el suyo. El 1-0 de Molet, después de decenas de ocasiones, fue una liberación. Por cómo lanzó el stick contra el suelo el de Molins de Rei, y por cómo lo celebró la afición, la escena recordó a un inmenso grito de «Ahora sí». Pero no. Aún no. El Tenerife iba a empatar y a sembrar la duda. Daba igual que el Barça estuviera goleando –de hecho, el 5-1 azulgrana coincidió en el tiempo con el 1-1 canario–. Otro gol del Tenerife lo echaba todo al traste.

Por eso el gol de Gual fue el verdadero «Ahora sí». El de Sant Sadurní, en su despedida, decidió poner su magia por última vez al servicio de la que siempre será su casa. Se inventó el 2-1 y él y sus compañeros lo celebraron por los suelos. Sabían que el Liceo ya estaba sentenciado. Vaya si lo sabían.

Por eso comenzaron a jugar más sueltos ante un público ahora ya sí cegado por la felicidad, que no dejó de botar, de cantar, de animar... Más aún con el 3-1, una maravilla del pichichi Marín. Aunque la explosión fue el 4-1. Fue entonces, a las 22.18 horas de un 26 de mayo de 2011, cuando el Palau se arrancó a cantarlo. 38 años después. «Campeones, campeones», coreó la grada, en atronador unísono.

Cava, lágrimas, abrazos...

Bien es verdad que el Liceo aún puso algo de emoción al situarse 6-4, pero el definitivo 7-4 azulgrana y el final del partido en Barcelona, cuando aún faltaban cinco minutos en Reus, dieron paso a la fiesta. Los rojinegros ganaban 4-1 y, en los minutos de la basura, se dedicaron a ver el tiempo pasar. A saborear cada instante al son de la banda sonora feliz que llegaba desde una grada (palco incluido) que acabó haciendo la ola.

Y llegó el final. La plantilla, hecha una piña, se fundió en un abrazo colectivo en el centro de la pista mientras la mayoría de su gente lo contempló orgullosa y emocionada. Salvo varias decenas de niños –y no tan niños– que bajaron a celebrarlo con los jugadores. Allí, en esa nube de gritos, lágrimas, abrazos, sudor y sonrisas, pronto apareció también el cava de la mano de Xavi Caldú. Sonaba de fondo el We are the Champions, alternándose en megafonía con el himno del club, y la emoción era ya incontenible. Domínguez subió a darse un baño de abrazos a la grada y abajo llegó la hora de los homenajes.  Al Negro Páez, primero, con la grada entera coreando su nombre, y a Marc Gual después.

Bañado en cava de su Sant Sadurní natal –su padre le empapó con él–, el genio salió literalmente a hombros de Reus. Se marcha por la más grande de las puertas. «Nosotros te queremos, Guali quédate», le cantó una afición que le admira y no le guarda ningún rencor. No será así. Gual se marcha. Pero deja tras de sí una retahíla de maravillas, la última anoche mismo, que han derivado en el éxtasis del que costará que se despierte el Palau. La OK Liga. Que sí, que sí. La OK Liga.





Publicidad

ÚLTIMAS NOTICIAS

© Diari de Tarragona
Domènech Guansé, 2 - Tarragona
Telèfon 977 299 700
Promicsa | Redacción