El Nàstic se deja la categoría en un partido en el que fue incapaz de inquietar al Alcorcón y sucumbió ante el excelente pragmatismo madrileño que con dos acciones tuvo suficiente para enterrar al conjunto de D’Alessandro en 2ªB
Segunda B. Esa es la categoría que ayer se ganó el Nàstic. Por méritos propios durante toda la temporada y culminado con el encuentro de ayer. El gol de Quini accionó la guillotina que desde hace ya varias semanas pendía sobre la cabeza grana. No salió sangre. Porque no había, a tenor de la resistencia que pusieron sobre el campo. Las pocas gotas granas las pusieron los de siempre. Pero su esfuerzo ya no sirve de nada. Para ganarse un aplauso de despedida y poco más.
El Nàstic saltó al terreno de juego con todo que perder y nada que ganar. Con la victoria del Guadalajara, la distancia de la salvación se disparaba a once puntos. El máximo premio que podía sacar el cuadro granate era mantener la distancia de ocho puntos. Un obstáculo más para unos jugadores agotados mentalmente después de 32 de las 33 jornadas en zona de descenso. Es la explicación menos dañina del apatismo que una vez más se vio reflejado en el césped del Nou Estadi.
Dos imágenes opuestas. El Nàstic, un equipo perdido e incapaz de encontrar la fórmula para hacer daño, el Alcorcón un bloque compacto que sacó el frio metal del cuchillo para degollar a su rival.
El último tren de Segunda pasó ayer por Tarragona sin pararse. A toda velocidad. Con un pañuelo en la cola. De despedida. El legado de Pitágoras y sus matemáticas dirá cuando se consuma. Cualquier fecha. Ya está asumido. Desde hace mucho. Ni 3.000 personas metidas en Tribuna –todos los aficionados que asistieron que por deferencia del club y la lluvia pudieron seguir el encuentro en zona cubierta– tenían ganas de pitar contra nada. El ‘isismo’ (i si ganamos mañana, i si pierde el rival, etc), máxima expresión del optimista, no tiene razón de seguir.
Sin genio
A penas cinco minutos duró la iniciativa grana. Aunque muy tímida. Casi sin querer. Nada que indicase que era la vida en Segunda lo que estaba en juego. Tan limitadas eran las acciones granas que los visitantes frenaban cualquier atisbo de ataque con facilidad. Una buena colocación en el terreno de juego era suficciente para desbaratar la ofensiva grana. Cruzar el medio del campo era ya un logro. El partido perfecto para los de Anquela, que a medida que pasaban los minutos se encontraban más cómodos en el campo. Y pasaron atacar. Avisaba Quini con un balón que Álex Ortiz desde el suelo rebaña cuando el delantero armaba la pierna. Era el preludio. El prólogo del tanto que llegaría en el 23’. Montañés deja atrás a Xisco Campos y desde la línea de fondo pone el esférico a media altura para que el hombregol del Alcorcón volee al fondo de la red. Todo ante la atenta mirada de cuatro jugadores del Nàstic que no se quisieron perderse la diana y prefirieron mirar hacia portería en lugar de la trayectoria del balón. Otra vez, una única acción ofensiva es suficiente para que el rival desmonte al equipo.
Sin reacción
Mazazo definitivo. Si los de Jorge D’Alessandro habían mostrado pocas ganas de levantar los brazos, el gol alfarero acabó con la resistencia grana. Abandonados a su suerte. Cero capacidad de reacción y de réplica. Toda la rabia se centró en pedir penaltis inexistentes. Posesión los granas tuvieron la que quisieron, sentido ninguno. El 70% de las veces que el Nàstic controlaba el esférico era en zona defensiva. Tanto secretismo por la alineación se quedó en la presencia de Arzu en el medio del campo, para dar más conducción de balón y profundidad, de Álvaro Rey en la banda derecha y Orbegozo en punta. Nada que no se hubiera probado antes.
Todo fiado a la solitaria lucha de Orbegozo por los balones aéreos y a la chistera de Morán. El Alcorcón manejó con gran pragmatismo el marcador y al Nàstic. Con un gol le bastaba para mantenerse en la zona de promoción. El repliegue era hermético, pero para no dar la falsa sensación de acorralamiento avisaba al cuadro local con Sales y Montañés por el exterior. Los disparos de Arzu y Álvaro Rey desde la distancia fueron las únicas ideas de encontrar fortuna.
En el descanso, D’Alessandro ‘bailó’ el banquillo. Con Peragón y Tuni se cargaba las novedades de Arzu y Orbegozo. Otro giro que sirvió para que el Nàstic arrancase la segunda mitad con más iniciativa. Se vivió un cierto despertar grana con dos acciónes que podían advertir, a lo lejos, la posibilidad de que llegara el empate. Longás, espeso todo el partido, tuvo una complicada volea en el 62’, después de un despeje del guardameta visitante. Su disparo acabó sin problemas en las manos de Manuel. Un disparo cruzado de Álvaro Rey desde la distancia fueron las acciones más peligrosas del Nàstic en todo el partido.
Después, vuelta a la monotomía de la incapacidad creativa. O este grupo no sabe más o no se le ha sabido sacar mejor rendimiento. El conjunto madrileño siguió tranquilo, cómodo y sin pasar apuros, hasta que en el último minuto del encuentro decidió sentenciar el duelo con una rápida acción de contragolpe que Oriol Riera, que ya había tenido ocasión de marcar, culminara para acabar de hundir el barco del Nàstic. Había Plan B, pues que se ponga en marcha.