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La advertencia

Llamamos desaceleración a lo que los ejércitos llaman retirada

Publicado: 13:11 - 27/07/2016


El ministro de Economía, al que hacen caso todos, menos el dinero, está pidiendo un imposible metafísico: que los españoles sepamos lo que nos espera antes de que se nos venga encima. Pide lo que no podemos darle, aunque salten todas las alarmas. Si no se ponen de acuerdo los más vehementes oradores, se van a quedar sin público. Lo oímos como el que oye llover y está en la cama, sabiendo que «la lluvia es algo que sin duda sucede en el pasado». El señor De Guindos está convencido de que llegará una desaceleración económica, vulgo miseria, para todos los que no se dediquen al arte de la política, si no hay gobierno. Si se continúa dilatando la investidura de Rajoy, según él, que sabe de números, incluso de circo, no podremos cumplir el objetivo de déficit pactado para 2017. Le llamamos desaceleración a lo que todos los ejércitos en tiempos de guerra denominaban retirada, pero como se avergonzaban de ese nombre preferían llamarlo «avances hacia la retaguardia». El presidente en funciones no suma los apoyos necesarios para vencer, pero tampoco cuenta con los que le hacen falta para seguir perdiendo. Las indeseables nuevas elecciones se acercan y cada español debe 23.444 euros a la Hacienda pública, lo que supone 1.000 más que hace un año. Total, que Bruselas nos exige un ajuste de 10.000 millones el año que viene, si es que se decide a venir.

Confiamos en el crecimiento, pero no todos. Casi 100.000 compatriotas emigraron al extranjero durante el año pasado, buscando una patria más benigna o menos cruel. El país más receptor de emigrantes fue el Reino Unido. «No se es de donde se nace, sino de donde se pace», afirma nuestro refranero, que no tiene nada que ver con las canciones de Juanito Valderrama que hablaban de «patria querida». La buena inercia de nuestra economía no dura para siempre, según advierte el señor ministro, que no es ningún profeta, pero sabe que la dicha, si llega tarde, no es buena.


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