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Creixell: pueblo con historia, playa con encanto

El espacio natural de ‘El Gorg' conserva dunas semimóviles y lagunas de agua salada 

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Mónica Pérez | 12/07/2009 21:03

El municipio de Creixell constituye un interesante punto turístico en la zona norte de la Costa Daurada. A escasos 20 kilómetros de Tarragona, la localidad recibe a sus visitantes con su curiosa combinación de playa, historia, cultura y ocio.

Y es que Creixell ofrece amplias posibilidades en cuanto a lo que a lugares de interés se refiere. La playa, de la que la plaza del Mirador ofrece unas vistas privilegiadas, es el estandarte del municipio. Poco urbanizada y con una extensión de 2 kilómetros de arena, es una buena opción para los turistas que busquen una versión alternativa del habitual formato de sol y mar. Cuenta con la bandera azul y está especialmente acondicionada en el aspecto de atención para discapacitados. Sus pasarelas y su silla anfibia la convierten en una de las tres playas españolas que cuentan con el galardón de accesibilidad para minusválidos. Al sur de esta destaca El Gorg, un espacio caracterizado por su conservación natural. En él se observan todavía una serie de dunas semimóviles acompañadas de lagunas de agua salada, lo que la convierten en el hábitat idóneo para multitud de especies, tanto vegetales como animales, propias del clima mediterráneo.

Creixell reescribe también su propia historia desde las ruinas de épocas anteriores, con especial atención al conjunto de arquitectura militar, declarado Bien Cultural de Interés Nacional. Su castillo es una buena muestra de ello. Esta construcción realiza un recorrido en sus materiales desde el siglo XI hasta el XVI, lo que lo convierte en un curioso producto de la confluencia de diferentes etapas históricas.

Las antiguas murallas de la localidad han dejado también vestigios hasta nuestros días. Se conservan todavía tres torres distribuidas a lo largo del recorrido que ocupaba la fortificación. La Torre de Cal Jeroni se alza en la plaza Mayor, mientras que la de Cal Cabaler lo hace ante el ayuntamiento. Destaca entre ellas la de Ca la Miquelina, delante de la iglesia, por el detalle de las gárgolas que la embellecen.

Completa el conjunto la cúpula del campanario, una interesante obra del Modernismo creada por el arquitecto tarraconense Josep Maria Jujol, discípulo de Gaudí. Las ruinas romanas del siglo I, situadas al lado de la plaza del Mirador, son también de visita obligada. Estos restos provienen de una antigua villa romana que contaba con un horno de cerámica. Las ánforas de los barcos hundidos en la costa de Creixell podrían proceder de este punto de fabricación.

Para conocer la localidad, nada mejor que realizar la Ruta dels Masos, un recorrido que comienza en una de las antiguas barracas de piedra seca, empleadas por los agricultores, y que explora el espacio entre el Mas Mercader y el Mas Gibert. A pie o en BTT, la oportunidad de internarse en las entrañas de Creixell difícilmente puede ser rechazada.

En cuanto a gastronomía, el plato típico del municipio son los llamados esmarris. Entre el siglo XIX y el XX, Creixell contaba con pescadores tradicionales. El pescado que se estropeaba al recoger las redes pasaba por la cocina para acabar siendo su alimento. A partir de aquí, surgen los esmarris, un plato cuyo ingrediente principal, como siglos atrás, sigue siendo el pescado.

Festa Major de Sant Jaume

Las fiestas patronales de Creixell, en honor a Sant Jaume, ocupan este año el período entre el 24 de julio y 2 de agosto. En esta semana, hacen una aparición especial los gigantes de la localidad. El gigante representa el primer caballero enviado por el rey a construir y poblar el primer castillo de Creixell y sus alrededores. La giganta, por su parte, es una alegoría de la vendimia. La banda musical les acompaña en su paseo por la localidad.

Para los más aventureros, Creixell se reserva también una oferta de turismo diferente. Además del senderismo o las excursiones en BTT, propuestas curiosas para descubrir los secretos que oculta la zona, los visitantes pueden disfrutar de deportes náuticos, como la pesca o la vela. Actividades como el paintball, una especie de guerra de pintura, abren nuevas puertas a la diversión en la localidad.

Creixell es, en definitiva, un pequeño pueblo con encanto y mucho que ofrecer, capaz de lograr la combinación perfecta de elementos para satisfacer a sus visitantes.





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