Combato la barbarie con el arte. Para mí el arte tiene cierta armonía, equilibrio y también estética, aunque no forzosamente ha de ser bonito. Las estatuas del Pla de les Serenes, en las escales reials, como homenaje al Centenari de l’Any de les Desgràcies, son unos armatostes en medio de lo poco que quedaba de un puerto de Cambrils arrasado por el pragmatismo, la movilidad, el diseño sin personalidad, empezando por las baldosas, que recién puestas ya se partían, y acabando por su falta de sabor y emoción.
El puerto, como la plaza del Pòsit, tenía un encanto antes de 2006. Era de verdad. De postal, de pintura digna de marco, de respeto urbanístico y de sabor. No critico la obra de Callau ni se puede pretender opinión plana y conjunta del pueblo de Cambrils, pues hay más opiniones que personas, como sucede con los móviles, pero ése no es el lugar ni quizá la forma de expresar el sentimiento arraigado de unas familias, una tragedia histórica y desde luego sobra la hiperproyección del ego del autor.
En este caso la barbarie ha combatido al arte. Y ha ganado. Feo, aparatoso, desproporcionado, se mire por donde se mire, y opaco, pues ha robado la única perspectiva que quedaba limpia de madera, cemento y metal de todo el puerto. Y es que siempre menos es más. Vengan los Reyes Magos esta Navidad a luchar contra modernos ‘molinos de viento’, lo mismo ni se bajan de la barca y huyen despavoridos. Como es posible que lo haga el visitante asiduo que se sentaba allí con la calma del rincón perfecto a relamerse de helado.
Ya no quiero comentar a qué concurso se ha llamado a los artistas locales o si esto va a dedo. Cambrils amado, quisiera no criticarte, pero es que es salir a la calle, que salgo poco, y darme tema. Y en el fondo, fondo del mar y del corazón, criticar es amar. Pla de les Serenes, falto de serenidad o exceso de cantos de sirenas.