Dice Fernando Sánchez Dragó que «escribir es un oficio de samuráis». Hacemos prevalecer la libertad de expresión pero seguimos escuchando una serie de tópicos como puede ser ante una crítica negativa: no hagas caso, que es la envidia.
Ésta, de la que se dice que es muy mala, se aplica a todo; política, poder económico, belleza, creatividad, talento intelectual y artístico e incluso fama canallesca –a secas– absurdamente ganada sin practicar nada de lo anterior.
Parece que destacar en algo, aportar, aunque sea hacer el ridículo, que es una percepción individual, rebelarse al sistema, no derivar en la marea de la mayoría y opinar con cierto valor suicida como el samurái, ese cuestionar y cambiar que propone Pilar Jericó en su libro Héroes cotidianos, también suscita envidia afianzada en la incultura popular y en la cultura impopular, ante la simple no aceptación. Oiga, no le gusta, pues no pasa nada. Igual que si le gusta. Sea esta cantinela; con letra, sólo música o imagen. Pero varía simpatías, afectos y gustos hasta convertirse en armas arrojadizas. La diversidad se esconde y descalifica al que usa su libertad y lo vemos todos los días.
Si ejercer libertad de expresión en una opinión, a veces no favorable o diametralmente contraria al prójimo es envidia, ¿qué es la falta de la misma? Llevamos, de serie, un pequeño censurador, y además menudo hipócrita, que en nombre de las formas y de la sinceridad remueve los fondos más pestilentes, de las buenas palabras y de nuestras inseguridades, frente a la galería que ha de perdonarnos la vida, inclusive.
Qué triste consolarse con la falsa importancia de ser envidiado. Qué patético aplicar esa poca cualidad de criterio y de apertura mental a todo aquél que en su libertad lleva la contraria a nuestra expresión. Decían que el infierno está lleno de buenas intenciones al recordárselo a un amigo en el metro, se giró una chica y me dijo que era una buena frase.
Los refranes me horrorizan y las frases hechas aún más. Una opinión es sólo eso. Pero anda que no pocas tripas y ketchup desparramado causan. Porque si en la costumbre del callo en el alma ya no te practicas el haraquiri... siempre hay alguien dispuesto a ayudarte a acabar la faena. Sólo por eso. Por no someterte a «su igualdad y a su libertad vigilada de expresión y gustos». Cuida que los alemanes dicen que «el diablo habita en los detalles». Somos un país de envidiosos montados en el destripa que algo queda. Critica el concepto, no los valores de las personas.